domingo, 10 de enero de 2010

DEL AMOR HINDÚ EN LONDRES



Le da un buen mordisco a su tostada de mantequilla y mermelada de arándanos. Mira por la ventana de la cocina el cielo gris y las gotas de lluvia empotrándose contra el cristal. Sorbe su café caliente y extra dulce y pone en orden sus pensamientos. ¡Hoy será un gran día! Se asea, se viste, calza sus zapatos de tacón favorito y coge su maletín de profesora . Melissa trabaja como profesora en un instituto londinense.

Bhupinder, londinense de nacimiento, habla por teléfono con su compañero de trabajo.Esta noche tiene que pinchar en una famosa disco de la ciudad. Es pinchadiscos.

Melissa y Bhupinder se conocieron un día cualquiera, en un momento preciso. Ella hacía más de un año que había sido abandonada por su última pareja, la dejó por otra. Él desde que nació estaba comprometido para casarse con una chica hindú de buena familia y de su misma casta social. Aún no la conocía, vívía en La India, donde él nunca había ido.

Se encontraron bailando en la pista de baile de una discoteca. La música hizo que sus cuerpos se juntaran primero, luego se miraron fijamente a los ojos y se sonrieron. Él la invitó a una copa. Ella le invitó a su piso. Hicieron el amor hasta que salió el sol. Desayunaron juntos, se dieron los teléfonos y ¡nació su amistad!

Él la llamaba cada día, a la salida de su trabajo. Ella , si él no llamaba, iba a buscarle a su trabajo. Y, noche sí, noche no, él se quedaba a dormir con ella. Aunque sus padres creían que Bhupinder trabajaba toda la noche en esos días alternos de ausencia de su hijo en casa.

Los padres de Bhupinder estaban muy ocupados planeando la boda de su único hijo varón con su futura esposa hindú. Los usos sociales de su familia permitían que los hombres pudieran tener cuantas amantes blancas quisieran, una amante blanca siempre era visto como un lujo para un hombre hindú, desde tiempos memoriales.

Bhupinder nunca se había cuestionado dichos usos, sólo había obtenido beneficios de ellos.

Pero todo estaba cambiando en el mundo de Bhupinder, ¡se estaba enamorando de Melissa! Soñaba con casarse con ella, vivir con ella, tener hijos con ella.... Lo que es peor, no podía mirar a otra mujer, no deseaba sexualmente a otra mujer. Melissa llenaba todos los espacios.

Con el tiempo, la situación se volvió crítica para ambos. La familia de Bhupinder hacía presión continua tras conocer que su hijo no pasaba las noches trabajando, sino en casa de su amante inglesa blanca.

Melissa le había pedido en muchas ocasiones que se fuera a vivir con ella.

-¡No puedo! Tú no entiendes nada. Sería una ofensa muy grande para mi familia.

-¿Yo soy una ofensa? - Melissa no entendía nada.

Bhupinder se limitaba a agachar la cabeza y la mirada y a abrazarla.

-¿Hasta cuándo vamos a estar así? Entiende que te amo, que eres parte de mi vida y que no quiero que salgas nunca de ella. Entiende que quiero vivir contigo y que no quiero que nada ni nadie empañe esta felicidad que yo siento a tu lado.

- Melissa, yo estoy comprometido , desde que nací , con una chica de La India. Es así, tiene que ser así.

-¿Qué? Los ojos de Melissa se llenaron de lágrimas.- ¿Por qué no me lo has dicho antes?

Bhupinder bajó su rostro, se giró dándole la espalda a Melissa y, entre sollozos, se marchó del piso. Ella quedó allí, mirándose en el espejo que había en la entrada del piso. Llorando y con un laberinto de interrogantes sin respuesta coherente en su mente.

Pasaron los días,las semanas, ... Bhupinder no llamaba y Melissa no iba a buscarle a su trabajo. Cada uno se refugió en sus trabajos y quehaceres diarios.

Hasta que llegó el día de conocer a la novia. La familia de Bhupinder había preparado un gran banquete para la ocasión . La familia de la prometida llegaba desde La India. En su casa habían preparado dos habitaciones para los invitados de honor. El padre de Bhupinder, economista de profesión, hacía años que trabajaba como empleado fijo en un banco londinense. Sus ingresos le permitieron financiar la compra de una gran casa en las afueras de Londres. Allí vivían Bhupinder (27 años), sus dos hermanas pequeñas de 15 y 19 años y sus padres. Quienes a pesar de haberse casado sin conocerse, tuvieron la suerte de enamorarse y amarse mutuamente. Obvio, Kassim, que es como se llama el padre de Bhupinder, ha tenido amantes, muchas. Pero nunca se ausentó más de un día y una noche de la casa familiar. Era así, estaba permitido ese machismo desgarrador. Nadie se atrevía a cuestionarlo. Como contrapartida, la socidad hindú era matriarcal, la madre administraba todo el dinero que el varón entraba a casa y dirigía las decisiones familiares con camuflado mando, siempre soterrado en la sumisión y caracter conciliador de su figura matriarcal.

Cuando Bhupinder llegó del trabajo ese día, sus padres le esperaban fuera de la casa. Los ojos oscuros de su madre brillaban de emoción.

- ¿Qué pasa?

- Nada,..., y todo... Está aquí Rani, tu prometida.

A Bhupinder se le heló la sangre. Sintió un atroz deseo de echarse a correr.

- ¿Cómo que está aquí, cuándo se planeó esto, por qué no se me dijo?

Las hermanas de Bhupinder, ante los chillidos histéricos de éste, salieron a ver qué pasaba fuera .

- ¡No pienso seguir adelante con esto! -Bhupinder perdió los nervios.

A la vez que Bhupinder exclamaba esta frase ante los atónitos ojos de sus padres, Rani salí de la casa de la mano de su padre, asustada y temblorosa. Vestía un precioso sari de seda de color rosa y adornos dorados que resaltaban aún más su belleza morena. Lucía su larga cabellera negra, resplandeciente y sedosa. Nunca, en sus 19 años de vida se había cortado el cabello.

¡Pero no! Bhupinder reaccionó ante la inmediatez del acontecimiento que cambiaría su vida: "la boda".

Bhupinder salió corriendo . Dejando tras de sí la decepción y el horror en los ojos de su familia. Corrió tanto como pudo hasta llegar, en el otro extremo de la ciudad, al piso de Melissa.

Melissa veía la tele, envuelta en una manta que abrigaba el frío de su cuerpo y de su corazón. Sonó el timbre. Ni siquiera contestó el portero. Taciturna y con las comisuras de los labios caídas hasta límites insostenibles debido a su profunda tristeza, pulsó el botón que abría la puerta del portal. Volvió a su sillón donde se tiró desmoralizada y sin cuestionarse si quiera quién sería. Al rato sonó la puerta, un ligero y familiar tamborilear de dedos activó sus sentidos.

- (¿Bhupinder?) - pensó ilusionada.

Rauda abrió la puerta.

- ¿Nunca nos separaremos, viviremos juntos y seremos felices para siempre? ¿Nunca será una locura abandonar a mi familia para no abandonarte a ti?

Melissa lo abrazó y besó sin parar, entre lágrimas y gemidos de alegría.

- Te amo Bhupinder. No sé si será para siempre, pero te puedo asegurar que merecerá la pena intentar ser felices y vivir tu vida según tus propias decisiones. Tus errores serán tuyos, y no de otros. Tu voluntad será tuya, y no la de otros.

Bhupinder la abrazó y comenzó a besar en el cuello, entró del todo en el piso y cerró la puerta.

1 comentario:

  1. Jo, pobre niña que sí seguirá en esa sociedad machista y encima volverá a su país soltera y repudiada por el que iba a ser su marido...
    Qué injustas son a veces las decisiones que tomamos...

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