domingo, 14 de mayo de 2017

UNA TARDE ESPECTACULAR

Harlem Globbtrotters. Un viernes 12 de mayo espectacular.


El cielo lagunero dejaba caer su clásica lluvia del atardecer. El cielo comenzaba a despuntar la noche, pese a que eran a penas las seis y cuarto de la tardecita, de un día oscuro y pluvioso.

Y allí estábamos mi hijo y yo, en la gran cola que se formó frente a la puerta número 6 del Pabellón de Deportes Santiago Martín de Tenerife. No entendí por qué solo abrieron esa puerta. La gente se arremolinaba haciendo un caracol interminable.

Había comprado las entradas desde principios de abril y ya casi no quedaban asientos libres así que tuve que comprar de los más caros (los únicos que quedaban disponibles). Mas, sin lugar a dudas, mereció la pena estar en pista y en primera fila.

Entramos, buscamos nuestros asientos, nos sentamos y al instante nos contagiamos de la emoción e ilusión de los allí presentes. En las pantallas comenzaron a poner vídeos de la historia de este club de Baloncesto americano maestros en acrobacias en las canchas. Todo un circo del Baloncesto pilotado por un inmigrante caribeño que había sido entrenador en un club de baloncesto de New York allá por el año 1923, que creó inicialmente al equipo New York Rens, quienes pese a que sobresalieron tanto que se quedaron sin rivales contra los que competir, como eran todos de raza negra (pues en la parte de New York de donde nacieron, Harlem, toda la población era de raza negra) se vieron sometidos a una política de segregación. Dándose el hecho de que pese a que el Baloncesto fue creado por los negros, en las ligas y competiciones de estos años sólo podían jugar los blancos. Los Rens, insurgentes, talentosos y rebeldes, guiados por el entrenador caribeño, crearon la idea de mezclar el baloncesto con comedia (mediante la que hacer crítica social a la opresión que la raza negra estaba viviendo) y acrobacias en un show que diera la vuelta al mundo. No obstante, continuaron con su afán por competir en ligas americanas hasta que les dejaron y en 1939 ganaron en Chicago el World Professional Basketball Tournament, venciendo al campeón de la National Basketball League. Surgieron así los primeros Globbtrotters, a los que se les añadió el nombre de Harlem por el sitio donde nacieron. Y hasta el día de hoy recorren el mundo contando su historia y haciendo gala del mejor show de baloncesto del mundo.

De repente, de la zona de la radio y prensa saltó un chico con sombrero dandie, rastas y mulato con acento dominicano: el presentador del evento, de cuyo nombre no me acuerdo. Introdujo la aparición estelar en la cancha de los titanes y, para sorpresa de mi hijo y mía propia, nos salieron a nuestro lado derecho, chocándonos las manos al salir. Yo tenía poca batería en el móvil y no pude grabar nada y Nayar de la emoción a penas grabó unos segundos y sacó un par de fotos.

Comenzó el espectáculo, dos horas que pasaron volando. Con acrobacias, shows de humor con mensaje social incluido (deportividad, compañerismo y trabajo en equipo). Hi-Lite hablaba en español, aunque a veces costaba entenderle. Ese hombre de casi dos metros de altura, de raza negra, con voz muy potente y viril hablaba español con acento americano y el público femenino se derretía a su paso. De cara no era muy guapo, pero su físico imponía y el salero y desparpajo que emanaba a raudales de él lo convertían en el clásico ligón al que las mujeres aclamaban.

En los asientos contiguos a mi lado izquierdo tenía a dos chicas, amigas, a las que les calculaba mi edad (38-40 años) y cuyas hormonas femeninas parecían estar en ebullición cada vez que Hi-Lite o el árbitro (un negro de más de 1,90 de altura con una barba tipo leñador pero muy bien cuidada), se acercaban. Gritándoles: ¡Guapos, cracks! ( todo el tiempo).  

Casi al final del espectáculo Nayar tuvo la sorpresa de que Hi-Lite lo llamara desde el centro de la pista. ¡Jaja, qué risa! Pusieron música negra y quería que saliera con él a bailar. Nayar todo tímido decía que no. Pero yo lo empujé y Hi-Lite lo sacó de la mano al centro de la pista. Hi-Lite comenzó a bailar y quería que Nayar lo imitara. Y él lo hizo, aunque muriéndose de vergüenza, ¡jaja! Entonces Hi-Lite le hizo una mueca al árbitro y éste fue a por unas bolsas que tenían en la grada. Trajo en una bolsa lo que parecía una camiseta de color azul. La abrió, miró su talla y se la dio a Nayar. Hi-Lite se la puso diciendo: <<Espera, hijo, que te la pongo>>. Yo no me podía creer su suerte. Al entrar en el pabellón vimos un kiosco que vendía cosas de los Harlem Globbtrotters y me había fijado en el detalle del precio de esa camisa: ¡¡60 euros!! Y mi hijo tuvo la suerte de que se la regalara el mismo Hi-Lite. ¡¡Qué suerte!!

No contentos con eso, ya cuando acabó la actuación como estábamos en primera fila, los jugadores se acercaron a chocar las manos y le pedí a uno de ellos, muy simpático y todo lleno de tatuajes, que si podía hacerse una foto con Nayar y accedió gentilmente. Me quedó mucha pena de no haber podido grabar a Nayar con Hi-Lite ni haberle podido sacar una foto con él pues para él sí que se formó una cola enorme con gente pidiéndole autógrafos. Ya era de noche al finalizar el evento y como llovía y debíamos volver a  La Laguna en taxi, sujeté fuerte la mano de mi hijo y le indiqué que nos dirigiéramos, en medio del gentío, hasta la salida para ir a la parada de taxi donde tuvimos que hacer una larguísima cola hasta conseguir un taxi que nos llevó a la Concepción donde nos esperaban mi hermano Omar y familia en el Grill Moliner de la Concepción para cenar y luego irnos de paseo nocturno lagunero.

¡Lo pasamos tan bien!

Un fin de semana diferente viviendo el deporte favorito de mi hijo: el Baloncesto, desde otra óptica y de la mano de una cultura que mi hijo admira mucho, la afroamericana.

De hecho, Nayar en su vestimenta, modo de andar, música que escucha,…, sigue mucho las pautas de comportamiento de esta cultura. Seguramente por imperativo genético, pues su sangre negra le llama mucho.


¡¡GRACIAS, HARLEM GLOBBTROTTERS POR EL CARIÑO Y POR HABERNOS HECHO PASAR TAN FELIZ TARDE!!


Mi hijo y yo nunca les olvidaremos.

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