Al entrañable maestro...

En mi memoria el olor a puro de sus clases universitarias. ¡Cuánto de Derecho, y no sólo Financiero, aprendí en un curso! No menciono aquí su nombre ni apellidos pero quien me lea y haya sido alumno/a suyo sabrá de quién hablo. Ese regocijo de asistir a sus lecciones, clases impartidas con amor y dedicación dan siempre como fruto alumnos /as que estudian la asignatura con el mismo amor y la misma dedicación. Y eso era algo que VD. sabía desde hacía años. Tomar apuntes de su Sabiduría era un privilegio, no una obligación. Recuerdo ese gesto suyo tan típico de llevarse las manos a los tirantes y sonreir al alumnado que, ansioso de que comenzara la clase, aguardaba el comienzo de su oratoria con una amplia sonrisa. Como niños/as de guardería que aguardan por su caramelo. Cada concepto, cada idea, cada teoría, ...., explicados con tanta entrega quedaban para siempre grabados en la memoria. Y así era porque >. No es lo mismo el maestro universitario que lo es por estipendio que por ...