Cavilaciones, escritos de días cualquiera, algunos poemas , algunas de mis novelas, pensamientos en soledad compartida,...¡VISITA MI WEB! EN WWW.ANANAYRAGORRIN.COM

lunes, 22 de julio de 2024

Tardes del verano de 2024


 Desconectando del stress laboral, creando, leyendo, poniendo en orden mis pensamientos y, sobre todo, disfrutando del proceso de escribir. Con tiempo, antes que nada, para hacer de maruja en mi casa (cenas, coladas, tareas domésticas,...). 

La multitarea está presente en mi vida desde que he sido madre soltera, trabajadora a jornada completa y guerrera 24/07 los 365 días del año.


En Los Gigantes, a lunes 22 de julio de 2024.

sábado, 20 de julio de 2024

Canción dedicada por un amigo 💓 Julián Quintero Gorrín. ¡GRACIAS!


 Gracias infinitas a mi amigo Julián Quintero Gorrín, del Cuarto de las Almendras de Tamaimo, por regalarme y dedicarme esta hermosa canción. Gracias por el cariño y el tiempo que dedicaste para ello. Y, sobre todo, por tu gesto sincero y honesto. 


Nunca lo voy a olvidar. Gracias, de corazón, amigo. 


Julián Quintero Gorrín es una persona tan sensible, que es capaz de percibir cuando alguien tiene su energía bajita. Y, con su instinto de protección y su sentido del honor, va regalando canciones, para perpetuar en ellas el gran valor que le da a la amistad y al compañerismo. De corazón, gracias Julián. Compartimos el origen tamaimero, un apellido y el conocimiento del valor que tienen la amistad y ser sincero/a, en un mundo tan ciego de odio gratuito. Que Dios ilumine siempre tu camino y el de los/las tuyos/as. Un abrazo para ti, tu esposa y familia 😘


En Los Gigantes, a sábado 20 de julio de 2024.

martes, 16 de julio de 2024

La injusticia de las masas enfurecidas.

La injusticia de las masas enfurecidas.

 



Por esto mismo, hay que evitar despertar la ira, de manera individual y, sobre todo, de manera colectiva. Porque cuando, con tus actitudes, declaraciones y pensamientos expresados a viva voz o en papel, despiertas la furia de un colectivo, éste se vuelve terriblemente inhumano e injusto. ¿Esto es atentar contra la libertad de expresión? Pues sí, seguramente, pero hay que hacer ponderación de derechos y siempre ir a favor de los colectivos. Porque si por ejercer tu derecho individual a la libertad de expresión vas a atacar a toda una comunidad, mejor guarda silencio. Un claro ejemplo de esto lo tenemos en los atentados terroristas a la revista satírica francesa Charlie Hebdo, cuando se metieron con el profeta de la religión musulmana. ¿Para qué, con qué finalidad esta burla? ¿Despertar la ira colectiva? Y, por supuesto, no justifico con esto (¡de ninguna manera, por Dios!) los atentados terroristas, hay medios para acudir a la justicia y denunciar a la revista por, por ejemplo, hacer apología del odio hacia una religión o cultura (delitos de odio). No hay que matar por esto, eso es una salvajada.

Vivimos en un estado democrático y de derecho, que tiene mecanismos para hacer valer los derechos individuales, pero también las obligaciones y deberes de cada uno/a. Es de ciudadano/a cívico/a acudir al Estado para reclamar sus derechos y/o protección ante una vulneración de derechos y libertades o, tal vez, atentados contra la propia vida y/o imagen personal. Entonces, ¿para qué aplicar la salvaje y cavernícola Ley del Talión? La Justicia, ciega, ya se encarga de dar a cada uno/a lo suyo. Somos racionales, se supone que esto nos distingue de las otras especies del mundo animal, somos humanos, no animales, ¿o no? Porque ya no sé ni qué pensar.

Lo que ha pasado estos días con D. Trump bien puede ser un ejemplo de la barbarie a la que pueden llegar algunas personas con la mollera comida por algún fanatismo, que siempre nacen de los discursos del odio. Estoy segura de que el joven veinteañero, al que llaman francotirador contra Trump en la prensa (¿en serio, francotirador, si no acertó ni uno de los ocho tiros a 150 metros del objetivo?), creció en un hogar en el que a la hora del almuerzo y la cena se pronunciaban discursos de odio. Eso va agujereando, literalmente, el cerebro de las personas, como si de una droga dura se tratara. El odio se va a apoderando de cada célula sana y termina enfermando al individuo, mental y físicamente. Y sobre esto mismo, sobre la capacidad de destrucción de los discursos del odio, tenemos el claro ejemplo de lo que pasó en Alemania con los nazis. Estos discursos, salidos desde las entrañas y no del raciocinio humano (mucho menos del corazón), desencadenaron el terrible, doloroso e inolvidable (por atroz) holocausto judío. Algo que no debería volver a pasar, pero sin embargo está pasando en muchas regiones del globo terráqueo contra poblaciones arrasadas salvajemente por otras. Y todo tiene su raíz en los discursos de odio.

Por favor, vivamos en el siglo que habitamos, el S. XXI, acudamos a los tribunales a resolver los posibles pleitos que se planteen y sepamos que nadie está en posesión de la verdad absoluta, que todo es relativo y que lo que hoy defiendes, bien podría ser tu idea contraria mañana. No puede haber nada por encima al amor y respeto a la vida, profeses la ideología, religión o credo que profeses.

 

Seamos más humanos/as, menos injustos y menos iracundos/as.

 

Ana Naira Gorrín Navarro.

 

En Los Gigantes, a martes 16 de julio de 2024.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


viernes, 12 de julio de 2024

Podcasts, rumiación y Morfeo.

 

Podcasts, rumiación y Morfeo.

 



Últimamente, he cogido el hábito de dormirme escuchando podcasts de cuentos para adultos en Spotify, todos ricos en enseñanzas y reflexiones profundas.

Siempre me ha relajado mucho el sonido de fondo de gente hablando para caer dormida. Supongo que es porque en el fondo me siento solemnemente sola y el escuchar a alguien me hace sentir reconfortada, acompañada y acunada.

Soy una persona PAS (persona altamente sensible) y suelo tener tendencia a la rumiación de pensamientos antes de dormir. Este ataque de pensamientos circulares mantiene mi mente despierta, cual cafeína en vena, y me cuesta un mundo relajarme, dejar la mente en blanco y caer dormida. Por esto mi médico de cabecera me ha recetado el Orfidal para dormir, lo llevo tomando desde hace algunos meses. Y, la verdad es que es un lujo dormir profundamente. Pese a ello, necesito escuchar estos podcasts para crear ese ambiente de relajación antes de caer en el sueño profundo y reparador.

Les dejo por aquí link, por si les interesa escuchar algunos:

https://open.spotify.com/show/6rTRRgmxGEGBCoEaNTNa2R?si=c15f787bbfc04afd


En Los Gigantes, a viernes 12 de julio de 2024.

Ana Nayra Gorrín Navarro.

La oveja negra, de Italo Calvino.

 

Hay un escritor italiano, autor de una novela que me encanta titulada “El vizconde demediado”, que tiene una fábula excelente. Se las transcribo aquí y posteriormente la analizaré, esperando vuestro feedback y comentarios:

 



La oveja negra, de Italo Calvino.





Érase un país donde todos eran ladrones. Por la noche cada uno de los habitantes salía con una ganzúa y una linterna sorda para ir a saquear la casa de un vecino. Al regresar al alba cargado encontraba su casa desvalijada. Y todos vivían en concordia y sin daño porque uno robaba a otro y éste a otro y así sucesivamente, hasta llegar al último que robaba al primero.

En aquel país el comercio sólo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía como del que compraba. El gobierno era una asociación creada para delinquir en perjuicio de los súbditos. Y por su lado los súbditos sólo pensaban en defraudar al gobierno. La vida transcurría sin tropiezos y no había ni ricos ni pobres. Pero he aquí que no se sabe cómo apareció en el país un hombre honrado. Por la noche, en lugar de salir con la bolsa y la linterna, se quedaba en casa fumando y leyendo novelas. Llegaban los ladrones, veían la luz encendida y no subían. Esto duró un tiempo; después hubo que darle a entender que si él quería vivir sin hacer nada no era una buena razón para no dejar hacer a los demás. Cada noche que pasaba en casa era una familia que no comía al día siguiente. Frente a estas razones el hombre honrado no podía oponerse. También él empezó a salir por la noche para regresar al alba; pero no iba a robar. Era honrado, no había nada que hacer. Iba hasta el puente y se quedaba mirando pasar el agua. Volvía a casa y la encontraba saqueada. En menos de una semana el hombre honrado se encontró sin un céntimo, sin tener qué comer, con la casa vacía. Pero hasta ahí no había nada que decir porque era culpa suya; lo malo era que de ese modo suyo de proceder nacía un gran desorden. Porque él se dejaba robar todo y entretanto no robaba a nadie; de modo que había alguien que al regresar al alba encontraba su casa intacta, la casa que él hubiera debido desvalijar. El hecho es que al cabo de un tiempo los que no eran robados llegaron a ser más ricos que los otros y no quisieron seguir robando. Y por otro lado los que iban a robar a la casa del hombre honrado la encontraban siempre vacía; de modo que se volvían pobres. Entre tanto, los que se habían vuelto ricos se acostumbraron también a ir al puente por la noche a ver correr el agua. Esto aumentó la confusión, porque hubo muchos otros que se hicieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres. Pero los ricos vieron que, yendo de noche al puente, al cabo de un tiempo se volverían pobres y pensaron: "Paguemos a los pobres para que vayan a robar por nuestra cuenta". Se firmaron contratos, se establecieron los salarios, los porcentajes. Naturalmente siempre eran ladrones y trataban de engañarse unos a otros. Pero, como suele suceder, los ricos se hacían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Había ricos tan ricos que ya no tenían necesidad de robar o de hacer robar para seguir siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres porque los pobres les robaban. Entonces, pagaron a los más pobres de los pobres para defender de los otros pobres sus propias casas y así fue como instituyeron la Policía y construyeron las cárceles. De esa manera, pocos años después del advenimiento del hombre honrado ya no se hablaba de robar o de ser robados, sino sólo de ricos o de pobres y, sin embargo, todos seguían siendo ladrones. Honrado sólo había habido aquel fulano y no tardó en morirse de hambre.

 

ITALO CALVINO.

 

¿Qué fuerte, no? ¿No has sentido que leías la descripción de lo que pasa en España desde tiempos inmemoriales?

En el país de la fábula de Calvino, todos sabían que estaban entre ladrones y no podían esperar de los demás, sino que los robaran. Sin embargo, este lejano pueblo vivía en completa paz y armonía. En la más absoluta hipocresía y falta de honestidad. Era una cadena. Todos robaban a todos y así nadie estaba desposeído.

 

Asimismo, en el comercio se compraba y se vendía bajo la modalidad de estafa. Tanto quien adquiría bienes, como quien se los proporcionaba se engañaban mutuamente.

 

Al mismo tiempo, el gobierno solo sabía engañar a los súbditos. Estos, a su vez, defraudaban al Estado todo el tiempo. Los habitantes se sentían felices de vivir en aquel lugar.

 

“El secreto de la vida es la honestidad y el trato justo. Si puedes fingir eso, lo has conseguido”. -Groucho Marx-.

En la fábula de la oveja negra hay un punto en que algo rompe con la normalidad. En este caso, quien comienza a alterarlo todo es un hombre honesto. Llegó de repente a aquel pueblo y en lugar de salir a robar por la noche, se quedó en casa, leyendo un libro y fumando pipa.

 

Los ladrones llegaban hasta esa vivienda, pero veían la luz encendida y entonces decidían no aproximarse. Algunos de los habitantes comenzaron a pasar hambre.

 

Si no podían robar, la cadena se rompía y alguien se quedaba sin bienes. Así que decidieron hablar con el hombre honesto y pedirle que reconsiderara su actitud. Estaba perjudicando a todos. Si él no quería robar, pues muy bien. Pero debía dejar que los demás sí lo hicieran.

 

El hombre honesto entendió la situación. Desde entonces, todas las noches salía de su casa y se iba al río. La dejaba libre para que los demás se sintieran en confianza de entrar a robar.

 

Sin embargo, él no quiso ser ladrón. Por eso, en menos de una semana ya tenía su casa completamente vacía.

 

Según cuenta la fábula de la oveja negra, la actitud del hombre honesto comenzó a romper con todo el equilibrio de aquel pueblo. Como éste se negaba a robar, siempre había algún habitante que encontraba su casa intacta al día siguiente. Entonces, algunos comenzaron a acumular más de lo que necesitaban.

 

De igual forma, quienes iban a robar a la casa del hombre honesto la encontraban vacía. Así que no podían volver a comer hasta la siguiente noche, cuando podían robar en otra morada.

 

Entonces comenzó la hecatombe: unos acumulaban, otros siempre estaban en déficit.

 

Pronto, los que habían acumulado muchos bienes, decidieron que ya no querían ser robados nuevamente. Pero tampoco querían dejar de robar, porque podrían empobrecerse. Así que decidieron pagarle a los que no tenían nada para que robaran por ellos. Así se hicieron contratos, con salarios y bonificaciones para que todo quedara muy claro.

 

Con los cambios, muchos se confundieron. No sabían qué hacer. Para recordarles cuál era su papel, se crearon las cárceles y la profesión de policía. Así también quienes habían acumulado mucho no verían en riesgo sus bienes.

 

Unos no trabajaban y pagaban a otros para que robaran.

 

¿Qué pasó con el hombre honesto? Sencillo: murió de hambre. Fue el único que se negó a robar y también el único a quien nadie jamás entendió.

 

Así termina la fábula de la oveja negra. Cualquier parecido con la realidad, no es obra de la coincidencia.

 

En resumen, como diría Krishnamurti, J. << No es saludable estar adaptado a una sociedad profundamente enferma >>.

 

A veces, el seguir nuestras ideas y valores requieren de nosotros un gran sacrificio. No obstante, seguir acríticamente a las masas puede suponernos un gran agravio moral e intelectual.

 

Vivir libre y conforme a las propias convicciones es un ejercicio para personas realmente valientes, pero también inteligentes. Dejo a la reflexión del lector/de la lectora qué tendría que haber hecho la oveja negra, la honesta que se negó a ser ladrona.

 

 

jueves, 11 de julio de 2024

Amor y otros desastres, reseña sin spoiler de la última novela de Sophie Kinsella

Su novela "Adicta a las compras" (llevada a la gran pantalla con un éxito atronador bajo el título de Confesiones de una adicta a las compras), me chifló. También "Tengo tu número", así que en cuanto vi entre las novedades de la Librería Agapea esta última novela de Kinsella, no me lo pensé mucho y la adquirí, segura de haber hecho una excelente compra (considero que comprar libros es una inversión, jamás un gasto). 

Hoy he terminado de leérmela. Yo le hubiera dado otro giro al final, pero está bien tal cual está. 



Es una novela fresca y entretenida, literatura chick lit de lectura rápida (pese a que es un tochito de unas 352 páginas), con el sello Kinsella de humor desenfadado y sinceridad a borbotones. Cualquier mujer puede verse identificada con la protagonista.

La sinopsis reza así: 

¿El trabajo? Absorbente. ¿Los amigos? En segundo plano. ¿Vida sexual? Inexistente.

Sasha ya no puede más. A sus treinta y tres años tiene un buen trabajo, pero la está consumiendo. Tiene ataques de pánico, ha tocado fondo y está totalmente agotada. Animada por su madre, Sasha decide pasar unos días de vacaciones en el hotel costero donde vivió algunos de los momentos más felices de su infancia. Sí, unas agradables vacaciones en la playa es justo lo que necesita... Pero es temporada baja, hace un frío que pela y el hotel ya no es lo que era. Para colmo, Sasha tiene que compartir la playa con Finn, otro huésped, un tipo insufrible y tan estresado como ella. Al principio mantienen las distancias, hasta que aparecen unos misteriosos mensajes en la arena. ¿Y si tienen en común más de lo que piensan?

Una chica puede con todo... ¡O casi todo!


Finn te enamorará y te verás en Sasha todo el tiempo, ya verás... 

Mañana empezaré "Intemperie" de Jesús Carrasco, el libro que nos ha tocado leer en el Club de Lectura de Santiago del Teide.





De ella leemos en Google:


Intemperie es una novela de ambiente rural escrita por el autor español Jesús Carrasco y publicada en 2013 por Seix Barral. Desde su presentación, en la edición del año 2012 de la Feria de Fráncfort, ha cosechado numerosos premios.


¡Hasta la próxima entrada! Que disfruten mucho de la vida, coman rico, lean mucho y sean felices. 



sábado, 6 de julio de 2024

Patrones tóxicos en bucle.

 Patrones tóxicos en bucle.


Tengo una amiga que se queja de que todas las relaciones de pareja en las que se mete, terminan por problemas de celos. Sin embargo, como le dije en privado, ella no se da cuenta de que desde el principio de sus relaciones ella misma instala patrones tóxicos: no deja que su chico salga solo con amigos y si ella sale con amigas se lo oculta. Ya, de entrada, esta relación está abocada al fracaso. 

¡Y me veo tan reflejada en ella cuando yo tenía su edad! Qué digo su edad, hasta que no cumplí los 43 años e hice una terapia con Daniela Curti, Psicoterapeuta Cognitivo Conductual Especialista en EMDR para el tratamiento de traumas, no fui capaz de detectar que yo misma buscaba un determinado perfil de hombre (algo que tiene mucho que ver con neuronas espejo, con mis referentes masculinos en el seno familiar y con la cultura de pareja en que he sido criada).

 Esta estupenda psicóloga me enseñó también a conocerme, pues yo no sabía que era PAS (persona altamente sensible) y que por esto mismo interpreto y percibo el mundo de manera distinta a la media de personas. Esto explica por qué siempre me sentí diferente al resto, es que realmente lo soy. También, me mostró cuán adicta a las relaciones era, ¡me creía vacía sin una pareja al lado! Vivía en la más profunda tristeza si no tenía una pareja, un amor al que amar profundamente y que estuviera tan pendiente de mí como yo de él.

 << ¡Prueba a no tener pareja durante un tiempo! Sé feliz tú sola, por el simple hecho de vivir y estar construyendo tú sola la vida que quieres para ti y tu hijo >> Y eso he hecho… Tan al pie de la letra que ahora llevo dos años sola, no he tenido pareja en este tiempo y la verdad es que es la primera vez que siento una paz profunda en mi alma. Si vuelvo a tener pareja, será porque quiera compartir mi tiempo con esa persona, no porque la necesite. Y eso es muy liberador para ambas partes. Ahora bien, quiero lo mismo, una persona sana, que no tenga dependencia emocional, que no sea celosa, que no sea controladora. Porque yo ya he aprendido a no serlo. 

Yo también instauraba patrones tóxicos en mis relaciones: si no me contestaban rápido los WhatsApp (¡ay, el maldito doble check azul de visto y leído!) me enfadaba con la persona. Si no me llamaban o cogían el teléfono cuando yo telefoneaba; me enfadaba. Si esa persona salía solo con sus amigos, yo desconfiaba y al regreso le sometía a todo un interrogatorio para ver si le pillaba alguna incongruencia y poder ratificar que me ponía cuernos. Si yo salía con amigas intentaba justificarlo o, simplemente, se lo ocultaba… Y así es como se van mermando poco a poco los espacios felices que las parejas pueden compartir. Sobre todo, se deteriora lo básico: la confianza mutua y el diálogo continuo. Por eso, todas mis rupturas eran tan incendiarias, porque llegados a ese punto ya estábamos hartos el uno del otro. Normal, a nadie le gustan las cárceles. Y las relaciones en las que me metía eran auténticas prisiones. 

No sé si alguna vez conoceré a un hombre capaz de ser consciente de todo el camino que yo he tenido que recorrer para ser una persona sana (entendiendo por esto no ser tóxica) y si este hombre podrá acoplarse a mi vida como yo a la de él. Soy una persona que precisa de mucha soledad: soy escritora, necesito mucho tiempo creando desde el aislamiento en mi escritorio. Esto ha sido interpretado siempre por los hombres como un insulto, como si yo prefiriera mis creaciones literarias y mi espacio creativo a mi tiempo con ellos. La respuesta es que siento que es mi misión de vida, me dé más o menos dinero, es en lo que realmente me siento cómoda y fluyendo: escribiendo, leyendo y creando. ¡Es mi medio natural! Y esto roba mucho tiempo en la vida de una persona. Máxime, teniendo en cuenta que ostento un cargo de responsabilidad en mi trabajo y a él le dedico 40 horas semanales. Hay días en que llego exhausta a casa (el cansancio mental es potencialmente más destructivo que el físico) y, sin embargo, no hay tarde en que no dedique mi tiempo a estudiar (lo que sea, porque para ser escritor/a tienes, sobre todo, que estudiar mucho), leer (no escribe bien quien no lee mucho) y, ante todo, escribir. 

Ojalá todas las personas nos sometiéramos a terapia una vez en la vida. Creo que todos/as tenemos heridas de guerra, porque la vida es una guerra desde el momento en que naces, todos/as somos supervivientes de algo. Y creo que no debe ser tabú decir abiertamente: he ido a terapia y ahora vivo mejor que antes gracias a ello. Sobre todo, me conozco mejor. Y esto ya es el principio del cambio. 

Un abrazo fuerte y, por favor, no sean dependientes emocionales, analicen sus patrones de conducta en las relaciones. Probablemente, tengan mucha responsabilidad en muchas cosas que les molestan. 







En Los Gigantes, a sábado 6 de junio de 2024.
Ana Nayra Gorrín Navarro.