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Aguas de salvación. Mi primera distopía de ciencia ficción.

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¿Y si lleváramos siglos buscando vida en el lugar equivocado?  Tenerife, año 2048. El agua escasea, la tierra tiembla y, frente a los acantilados de Los Gigantes, el mar está a punto de revelar algo que cambiará para siempre la vida de Laura. Ella solo quería terminar su turno en un barco turístico. Ahora tendrá que decidir en quién confiar… y cuánto está dispuesta a arriesgar por un amor que no debería existir. Escribí Aguas de salvación con el amor que siento por mi tierra y una pregunta que me sigue estremeciendo: ¿reconoceríamos la salvación si llegara de donde más miedo nos da mirar? 📖 Si te atraen las distopías, la ciencia ficción, el misterio y los amores imposibles, acompaña a Laura al otro lado de lo conocido. Compra tu ejemplar aquí 👇 https://conmdemujer.es/producto/aguas-de-salvacion/  

Incontrolable, reseña sin spoiler.

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  Anoche vi en Movistar Plus+ Incontrolable y, aunque es un drama, por momentos me partí de risa. A carcajadas. Tiene ese humor inesperado que te encuentra desprevenida y, un instante después, te deja con un nudo en la garganta. Inspirada en la historia real de John Davidson, un hombre con síndrome de Tourette, la película te acerca a lo que supone vivir expuesto al juicio de quienes interpretan tu comportamiento sin conocer lo que hay detrás. A esa crueldad cotidiana que puede esconderse en una mirada, en una burla o en la facilidad con la que decidimos cómo debería comportarse otra persona. Robert Aramayo está extraordinario. Su interpretación consigue que acompañes a John desde una cercanía que conmueve, con sus dificultades, su ternura y su sentido del humor. Me gustó especialmente cómo conviven la risa y el dolor. Puedes estar riéndote y, poco después, sentir una rabia tremenda ante la incomprensión. La película te lleva de una emoción a otra con una naturalidad que agradecí ...

Curso de Sensibilización en igualdad de género con prevención de violencia de género. Formación de mi trabajo.

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Entre ayer y hoy he finalizado una formación de mi trabajo en Sensibilización para la igualdad y contra la violencia de género , y les dejo un resumen de lo aprendido por si les fuera de utilidad. Hemos abordado la igualdad entre mujeres y hombres, la prevención de la violencia y del acoso, los derechos de las personas LGTBI y las herramientas que permiten trasladar todo esto a la vida cotidiana y al ámbito laboral. Me quedo con una idea fundamental: la igualdad necesita hacerse visible en nuestras decisiones, en nuestras oportunidades y en la manera en que nos tratamos. La igualdad empieza por reconocer las desigualdades La Constitución y la legislación sobre igualdad constituyen el marco de protección frente a la discriminación. Pero reconocer un derecho sobre el papel exige también identificar y eliminar los obstáculos que impiden ejercerlo. Hemos aprendido a distinguir la discriminación directa, como descartar a una mujer por estar embarazada, de la indirecta, que aparece cuando un...

Mil cosas, de Juan Tallón.

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 Acabo de terminar Mil cosas, de Juan Tallón, y todavía estoy procesando la última página. Durante toda la novela me dejé envolver por esos golpes de humor inesperados tan suyos, que aparecen cuando menos los esperas y consiguen arrancarte una sonrisa incluso en medio del caos. Tallón tiene esa capacidad de convertir lo cotidiano, lo absurdo, lo incómodo y hasta lo aparentemente insignificante en literatura. Pero lo que me ha parecido verdaderamente brillante es la manera en que conduce al lector hasta situarlo prácticamente en el mismo estado mental que Travis y Anna y, sobre todo, que Travis. Esa sensación permanente de ir corriendo detrás de la vida, intentando atender demasiadas cosas a la vez, saltando de una preocupación a otra, acumulando pequeños asuntos, conversaciones, obligaciones, pensamientos… como si el cerebro tuviera abiertas cincuenta pestañas y ninguna pudiera cerrarse. Y ahí está, para mí, la genialidad de la novela: Tallón consigue que leas desde la cabeza de Tr...

La bola negra, reseña sin spoiler.

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 Ayer fui a ver La bola negra , a la sesión de las 16:10 en Cines X Sur, y salí con el corazón hecho un ovillo, desmadejada de dolor. Me parece un peliculón. De esas películas que siguen latiendo dentro de una cuando se encienden las luces y toca regresar a la calle, donde todo parece continuar como si nada. Hay imágenes que te acompañan hasta casa. Se sientan contigo, te siguen al silencio de la noche y, al día siguiente, todavía te aprietan el pecho. Esta película me ha dejado así. Por momentos me recordó a  El hoyo , por esa angustia de ver hasta dónde puede llegar la crueldad humana y, también, por algunos trozos de la banda sonora.  Y ver a Carlos González, un actor que me encanta, me devolvió también a su personaje en Amar es para siempre . Tengo grabada una escena de esta serie que yo recuerdo ambientada en el Retiro: le atacaban, en la oscuridad de la noche, por ser homosexual, le pegaban una paliza, le dejaban desnudo y él pedía ayuda a gritos sin que nadie le so...

La palabra mágica. Una vida escrita, de Isabel Allende. Reseña.

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 Hoy he terminado de leer La palabra mágica. Una vida escrita , de Isabel Allende, y he cerrado sus páginas con esa sensación tan hermosa de haber estado conversando con alguien que comprende una parte muy íntima de mí: la necesidad de escribir. Esa que convive con las obligaciones, con el cansancio, con las preocupaciones y que, aun así, encuentra un resquicio por el que salir a respirar. Allende nos acerca a su relación con las palabras, a la memoria y al oficio de transformar la vida en historias. Leyéndola, una puede asomarse a las dudas y decisiones que hay detrás de los libros que después llegan a nuestras manos. A mí me ha interesado especialmente esa trastienda de la escritura, tan poco parecida a la imagen romántica de sentarse frente a una ventana y esperar a que aparezcan las musas. ¡Como para depender de que tengan libre la agenda! Después de esta lectura, me queda claro que ha sido, en buena medida, una escritora de brújula: de las que empiezan a caminar siguiendo una ...

A dos días del otoño 2026

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Es una mañana lenta de domingo. Abro los ojos a las ocho en punto y me cabreo conmigo misma: había quedado con el sueño en que hoy me soltaría a media mañana, pero mi reloj interior nunca consulta mis planes. Anoche me dejé vencer antes de la medianoche, con la esperanza de regalarme unas horas de descanso, de aflojar los nudos que la semana va dejando por dentro. Quería dormir sin prisas, alargar esas seis o siete horas que suelen caber entre mis obligaciones. Pero hasta el descanso tiene sus condiciones en este cuerpo mío: si duermo más de lo acostumbrado, la migraña puede despertarse conmigo. Así que voy negociando pequeñas treguas, aprendiendo una y otra vez el delicado idioma de mis límites. Conozco algunos de sus avisos: el exceso de chocolate, la vainilla, un café de más, ciertos perfumes intensos que ocupan el aire entero y no dejan sitio para respirar. Con el café mantengo un pacto: dos al día, como máximo. Uno al levantarme; el otro, después del almuerzo o a las cuatro, al s...