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miércoles, 7 de septiembre de 2016

DE PORO A PORO, UNA ESTRELLA

 De pie, observando quieta el horizonte. Perdiendo mi mirada en el infinito oscuro.

 Cierro los ojos, siento las onduladas olas de mi cabello danzar con el viento de la noche.

 Abro los ojos, doblo mi cuello mirando al Cielo.

 Una estrella fugaz, enorme y brillante, pasa como guiñándome un ojo. Me inquieto, pido rápido un deseo mentalmente y sonrío. ¡Qué felicidad, hacía mucho que no veía una estrella fugaz! - me sorprendo hablando en voz alta mis pensamientos.


 Sigo contemplando la estrellada noche. Desde mi rincón, en mi azotea, he creado un subterfugio donde soñar y dibujar espacios oníricos mentales, donde ver las estrellas y contemplar la belleza del lugar donde vivo.

 No estoy tan mal. Pese a todo.

 Aún tengo ilusión y brillo en mi mirada. Aún albergo pasión y esperanza. Me levanto feliz cada mañana.

 Y entonces, cuando más ensimismada estoy con mis pensamientos, siento un aliento en mi nuca. No quiero girarme, quiero disfrutar de este momento. En que tú te acercas sin creer que yo te siento. En que yo te siento sin tú saber que ya soy consciente de tu presencia. Siento tu respiración en la piel de mi cuello, todo mi vello corporal se eriza y mi piel reacciona contrayendo cada poro, ¡piel de gallina! Si doy un solo movimiento, sentirás que ya me he percatado de que estás aquí, así que me quedo lo más quieta que pueda estar una persona. Casi ni respiro. Saboreo el momento de sentirte tan cerca, a solo unos centímetros de mí. Contemplándome desde detrás. Siento tu mirada clavándose en mi espalda, en mi trasero, en mis pantorrillas. ¡Siempre tu mirada de centinela!




 Casi puedo sentir el palpitar de tu corazón. Acoplo mi respiración a la tuya. Tus pulmones y los míos se inflan y desinflan en un baile acompasado. Tenaces como las agujas de un reloj. Te acercas aún más a mi nuca. Donde me olfateas desde detrás. Cierro los ojos y justo cuando ya casi no puedo resistirme más, siento tus brazos apretando fuerte mi cintura, tu nariz hundiéndose en mi cabello, tus labios besando mi nuca.

 - ¡No te gires aún! - me dices mientras me aprietas fuerte contra ti.

 Siento tus enormes brazos apretarme hasta la asfixia. Contemplo tus manos enormes y las acaricio. Siempre apareces justo en el momento preciso. ¿Cómo lo sabes, eh? ¿Cómo sabes cuando me quedo sola, cómo cuando necesito un abrazo, cómo cuando me reencuentro con mi loba interna y me dejo apresar por la magia de la noche estrellada?

 Pero aquí estás, abrazándome fuerte. Encaramado a mi cintura y con la nariz hundida en mi cabello. ¡Cómo me gusta sentirte!

 Sentir el olor de tu piel, sentir tu respiración en la mía.

 Sentir la proximidad de tu cuerpo a punto de fusionarse con el mío, a escasos dos centímetros. Cada célula de mi piel reclamando cada célula de la tuya.



  Y entonces así, de espaldas a ti, sintiéndote, seguimos contemplando las estrellas. Hasta que la inquietud de nuestros cuerpos nos gire, frente a frente, poro a poro, por una estrella.












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