LUNAS ÁRABES PARA AMINA

La voz de Amina era una cascada de susurros, narrando en dialecto bereber el cuento de la mujer que se convirtió en estrella por tan lejos de su amado estar y cada noche, su melancolía a las estrellas, dirigirle las eternas miradas de su andar. Acostados todos sus nietos, nietas y nueras alrededor de ella el tiempo parecía detenerse en ese preciso instante en que la Luna llena se instalaba enfrente de nosotros/as para escuchar a Amina contar sus historias árabes de las mil y una noches, cómodamente acostados sobre las gruesas alfombras árabes hechas por ella misma y abrigados hasta los ojos con las no menos gruesas mantas de lana de oveja. Los más pequeños se iban embelezando y, a medida que el cuento se iba acercando al final, caían dormidos profunda y plácidamente. Amina les acariciaba el cabello a la vez que contaba sus cuentos y mi fascinación por esa Madre y Abuela no parecía tener fin nunca. Era increíble cómo esa mujer de ya algo avanzada edad, podía haber sufrido tanto duran...