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Mostrando entradas de junio, 2026

Oasis: un espejismo de irrealidad, machismo y clichés

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 Hace unos días vi en Netflix Oasis . Llegué a la serie casi por una cuestión de reconocimiento territorial: en el avance que la plataforma había seleccionado para mí aparecían los acantilados de mi pueblo y algunos paisajes inconfundibles de Tenerife. Fue suficiente para despertar mi curiosidad. Cuando una isla tan acostumbrada a ser escenario empieza a asomarse a la pantalla, quienes vivimos en ella sentimos el impulso inevitable de mirar con atención qué parte de nosotros han decidido mostrar. No voy a detenerme en el trabajo interpretativo. El reparto cumple con solvencia y defiende a sus personajes con la intensidad que exige la trama. Mi reflexión se dirige hacia otro lugar: el imaginario que la serie construye alrededor de los cuerpos, las relaciones entre mujeres, la masculinidad y la propia representación de Tenerife. Resulta llamativa la diferencia de estatura entre los actores y las actrices. Ellos son visiblemente más altos, más corpulentos, más imponentes. Ellas aparec...

Fin de mi formación empresarial en desconexión digital

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 Durante los meses de mayo y junio he estado formándome en desconexión digital aplicada a las empresas.  Les dejo por aquí todo lo que he aprendido, he superado el curso con buena nota.  Desconexión d igital en el ámbito laboral Resumen del curso y aplicación práctica en la empresa   ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Alumna Ana Naira Gorrín Navarro Fecha 26 de junio de 2026 Tipo de documento Resumen de contenidos y aprendizaje   1. Introducción El curso de desconexión digital abordó el derecho de las personas trabajadoras a no atender comunicaciones profesionales fuera de su jornada, durante descansos, permisos, vacaciones y demás periodos de suspensión de la relación laboral. La formación permitió comprender que este derecho es una medida de protección de la salud, de la intimidad, del descanso y de la conciliación personal, familiar y laboral. Gracias a los con...

Benito Pérez Galdós, el gran «escuchador»

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Escucho en Spotify, en el pódcast Una hora más entre libros, que Benito Pérez Galdós era un hombre muy callado y que la gente solía contarle sus penas con absoluta confianza porque sabía escuchar. Al parecer, hablaba poco, observaba mucho y prestaba atención a cuanto ocurría a su alrededor. Tal vez por eso fue capaz de retratar con tanta precisión la sociedad de su tiempo y de construir personajes que todavía hoy nos parecen vivos. Curiosamente, me he percatado de que saber escuchar es un requisito casi indispensable para ser escritor. Quien escucha más de lo que habla absorbe realidad, emociones, historias, gestos, contradicciones y maneras de expresarse. Todo ese material acaba filtrándose, de una forma u otra, en aquello que escribe. Aprender comienza con la escucha activa, con esa disposición a permanecer verdaderamente presentes mientras otra persona habla, intentando comprender su mundo y cuanto se esconde detrás de sus palabras. Además, quienes saben escuchar suelen desarrollar ...

¡Llega el veranito!

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  Hoy, domingo 21 de junio, abrimos el verano como un melón jugoso y maduro, esperando a ser saboreado. Y, pese a que no es mi estación favorita —soy una persona completamente otoñal e invernal—, he aprendido que hay que ser feliz en cualquier circunstancia y adaptarse rápido a los cambios que nos vengan. ¡Así que voy a comerme este melón del verano bocado a bocado! La felicidad no está en nada fuera de ti, sino en tu interior, en tu modo de ver el mundo, en tu manera de poner luz en medio de la oscuridad y en tu fortaleza y resiliencia para superar los golpes de la vida. No sé cómo soy como madre; esto tendrá que evaluarlo mi hijo, no yo. He tratado de ser la mejor madre que he podido, pero ahora hay cosas que ya no dependen de mí, pues mi hijo es un adulto. Así que no me queda otro remedio, si quiero seguir siendo una buena madre, que hacerme a un lado y dejarle hacer, confiando plenamente en él. Porque una buena madre, cuando los hijos llegan a la edad adulta, no es aquella que ...

Mis tardes en el pequeño café de Tokio, de la escritora japonesa Michiko Aoyama

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Acabo de terminar de leer Mis tardes en el pequeño café de Tokio, de la escritora japonesa Michiko Aoyama, traducida por Marta Morros Serret. Es una novela epistolar que evoca el ambiente relajado y distendido de un hermoso café situado al final de un sendero de cerezos que, en el momento en que comenzamos la lectura, están en flor. La protagonista, siguiendo con curiosidad la hilera de cerezos para descubrir qué hay al final del camino, da con esta cafetería en la que sirve un apuesto y sofisticado joven que parece leer las vidas de todos los clientes asiduos con solo observarlos. Al principio creí que iba a leer algo parecido a La cantina de medianoche: Historias de Tokio, esa serie japonesa en la que un local se convierte en refugio de historias humanas, confesiones, heridas y pequeños consuelos servidos junto a un plato caliente. Pensé que la novela iría un poco por ahí: personas que llegan al café, se sientan, toman algo y van desgranando sus vidas ante la mirada casi sobrenatural...

Al final de la escalera y mi último examen de Derecho después de la decisión final

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No sé si quienes me leen han estado alguna vez en el edificio de la UNED de La Laguna. Tiene una escalera que, cada vez que la miro en mi recuerdo, se me aparece como la de una película de terror de los años ochenta. Una de esas escaleras que no solo se suben con las piernas, sino también con la garganta, con el estómago encogido, con todo lo que una arrastra por dentro cuando todavía no sabe muy bien si está obedeciendo a su vocación o a las expectativas ajenas. Dicho esto, quiero dejar claro que el edificio es precioso. Tiene un patio central lleno de luz, de aire, de esa claridad antigua que parece hecha para pensar mejor las cosas. No es un lugar sombrío, ni mucho menos. Pero hay espacios que se quedan grabados en la memoria no por lo que son, sino por lo que una vivió dentro de ellos. Y estoy segura de que muchas personas que han hecho exámenes en la UNED de La Laguna recuerdan esa escalera, porque para llegar a la mayoría de las aulas hay que subirla. Como si antes de enfrentarte...

Básicamente…

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No añoro tener pareja, pero sí tener a alguien con quien poder viajar, salir de vez en cuando y compartir ciertos momentos. Sí, sí, tengo muchas amigas, pero soy heterosexual y a veces extraño esa energía masculina en mi vida. Antes, durante muchos años, tuve un amigo especial, un alma libre con quien podía llenar ese espacio de mi vida, pero desde que se casó, y por los celos de su actual esposa, él se borró del mapa. Lo acepto y lo respeto; es normal. Y ojalá yo jamás vuelva a hacerle falta, porque aprendí a no necesitarlo. Aunque, cuando escucho ciertas canciones o leo determinadas noticias, me acuerdo muchísimo de él. En realidad, he tenido varios intentos de repetir ese rol masculino en mi vida: tener la triple A; al amante, al amigo y ese amor más parecido al de una pareja que pudiera existir, aunque con la particularidad de que yo no quiero convivir. Para mí, lo ideal es que cada uno viva en su propia casa. No me veo volviendo a convivir con una pareja. Podría tener pareja, sí, ...

La disciplina y la rutina diarias.

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Sé que hay gente que se siente aprisionada (algunas incluso entran en profundas depresiones) cuando tienen que llevar una vida rutinaria: levantarse a la misma hora, desayunar a la misma hora, preparar tu ropa del trabajo la noche anterior escrupulosamente cada noche, acudir siempre diez minutos antes a tu puesto de trabajo, día tras día y sin fatiga fichar entrada y salida, estar en el mismo lugar en horarios fijos día tras día…, pero a mí la rutina y llevar esta disciplina en mi vida me ayudan a tener mi mente calmada y precisamente esto es el desencadenante de que cuando tengo tiempo libre puedo dar rienda suelta a mi lado creativo. Mi imaginación hiperactiva se dispara y es cuando empiezo a crear las historias que escribo. En cuanto a la poesía, suele ser la admiración a la naturaleza que me rodea (una luna llena de nata preciosa, un atardecer en tonos rosas y naranjas tan dulces como el mordisco de un melocotón en almíbar) o sentimientos muy profundos como el amor a mi hijo, a mi ...