La alegría acuñada en el ADN
La
alegría acuñada en el ADN
Hay personas que
deslumbran por su capacidad de ser felices. No por las circunstancias que las
rodean, sino a pesar de ellas. Una aptitud de la que, evidentemente, muchas
otras carecen por completo.
Para este tipo de
guerreros y guerreras de luz, como me gusta llamarles, la felicidad no es un
estado pasajero ni un simple sentimiento que va y viene con la marea del día.
Parece, más bien, un rasgo grabado en su personalidad, inscrito en su ADN con
la misma certeza que el color de su cabello o el lunar que adorna la comisura
izquierda de su labio superior.
Se les reconoce,
además de por esa expresión risueña que los precede, porque llegan siempre
felices al trabajo. Se motivan solos, sin que nadie tenga que insistirles,
porque ponen tanta ilusión y alegría en cada tarea que parecen estar esperando
a que les manden hacer algo, solo por el gusto de realizarlo con regocijo.
Y ahí radica su
verdadera grandeza: no en la ausencia de dificultades, sino en la manera
resiliente de atravesarlas sin apagar la luz que llevan dentro. Ustedes, los
que reconocen a alguien así en su equipo, en su familia o en su camino, saben
que están ante un regalo poco común. Porque el mundo laboral —y la vida entera—
se sostiene, en buena medida, gracias a estas personas que convierten cada
jornada en una pequeña celebración, y que nos recuerdan, con su sola presencia,
que la alegría también puede ser una forma de sabiduría.
Ana Nayra Gorrín Navarro.
11/09/2026.