CAFÉ DOCTOR EN NUESTRO RIAD




Sorbo a sorbo en un día caluroso marroquí. La mañana en el Zoco me condujo sedienta de vuelta al Riad. ¡Qué fresco se está ahí dentro, qué palacio, que paraíso en la tierra!



La música suave llena todos los espacios. La siesta de mi hijo en la hamaca que cuelga, el sonido frágil del aire entre las hojas de las plantas de interior, el susurro del agua de la pequeña piscina interior honorando al momento sagrado de los baños árabes. La llamada a la oración suena y es como un lamento desgarrador que se mete por todos los resquicios de la mente y el cuerpo. Adentra por las ventanas y permanece vibrante en los oídos mucho más allá de su término.


Lejos, pero cerca. Una casa inmensa, por un precio europeo irrisorio. Cerca, pero lejos,...., muy lejos....

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