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Vaiana, la película. 2026.

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   Ayer, en la sesión de las 17:35 de los cines X-Sur de Adeje, vi Vaiana , la nueva adaptación en acción real del clásico de Disney. Y debo comenzar admitiendo algo que probablemente reste solemnidad a cualquier intento de crítica cinematográfica, pero que añade una sinceridad incontestable: siempre es un placer ver a Dwayne Johnson, The Rock, en la gran pantalla. Me parece un hombre tremendamente atractivo y siempre me lo ha parecido. Cuando mi hijo era pequeño, veíamos juntos la WWE los sábados por la mañana. Lo hacía por el placer de compartir algo con él, de entrar en su mundo y construir esas pequeñas experiencias comunes que, con los años, terminan convirtiéndose en memoria familiar. Pero tampoco voy a reescribir la historia para parecer más abnegada de lo necesario: también me encantaba ver a aquel hombre enfundado en unas mallas ajustadas, con ese cuerpo enorme ocupando la pantalla como si la anatomía humana hubiera decidido abandonar toda prudencia. Siempre me han fa...

Hija de la fortuna, tomo 1 de la trilogía La casa de los espíritus. Isabel Allende.

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 En la noche de ayer acabé Hija de la fortuna , de Isabel Allende, una novela que había permanecido demasiado tiempo aguardándome en la estantería y que ha terminado por recordarme por qué hay autores capaces de construir algo más que una buena historia: un territorio propio al que el lector regresa incluso después de haber cerrado el libro. La novela comienza en el Valparaíso de mediados del siglo XIX, en el interior de una sociedad rígida, clasista y profundamente patriarcal. Allí crece Eliza Sommers, una niña de origen incierto, acogida por una familia inglesa y educada para encajar en el estrecho molde reservado a las mujeres de su tiempo. Sin embargo, basta la irrupción del amor —o de aquello que, desde la inexperiencia, confundimos con el amor— para que la aparente estabilidad de su mundo se resquebraje. Impulsada por la pasión que siente hacia Joaquín Andieta, Eliza abandona Chile y emprende un viaje hacia California durante la fiebre del oro. Lo que comienza como la búsqued...

¿Cómo puedes ser poesía?

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  ¿Cómo puedes ser poesía? ¿Cómo puedes ser poesía si todo en ti obedece al rígido compás del control, si en tu mirada nunca anochece ni queda un rescoldo de dolor? ¿Dónde están el vino tinto, el chocolate oscuro, el humo lento de los puros, las heridas que enseñaron a nombrar la vida? ¿Dónde el desamor, el abandono, el rechazo, el miedo atravesado hasta volverlo cicatriz? ¿Cómo puedes ser poesía si jamás convertiste el odio en redención, si tu corazón aún desconoce la paz de quien ya no compite, de quien no envidia, de quien no cela? ¿Cómo, si te incomoda todo camino que no haya pisado tu ego, si has apretado tanto el corazón que ya no sabe abrirse? ¿Cómo puedes ser poesía si a tu paso no nace la unión, si dejas grietas, distancias, fragmentos? La poesía no habita en quien ocupa toda la sala. La poesía llega descalza, se sienta junto a la herida y convierte el dolor en otra forma de amor. Ana Nayra Gorrín Navarro. 03/07/2026.

El cuerpo que habito

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A día de hoy, 5 de julio de 2026, habito un cuerpo que guarda cuarenta y ocho kilos de más. Cuarenta y ocho kilos: el equivalente a seis garrafas de agua de ocho litros que me acompañan a todas partes, cosidas a mis pasos como un equipaje sin asas. Imagina caminar con tres garrafas colgando de la mano derecha y otras tres venciendo la izquierda. Imagina subir así las cuestas empinadas de mi municipio, afrontar escaleras, recorrer pasillos, cumplir horarios, llegar a todas partes fingiendo que el esfuerzo no pesa tanto como pesa. Ese es el cuerpo con el que camino. Por eso, cuando alguien me encuentra al final de una pendiente, me ve cansada, sin aliento, con el corazón golpeándome el pecho como un pájaro que busca una salida. No es falta de voluntad. Es física. Es cargar una pequeña mudanza a cada paso. Y no crean que he permanecido quieta dentro de esta situación, esperando que el cuerpo se resuelva solo. He acudido a nutricionistas, he seguido dietas de toda clase y he practicado eje...

Mujeres silenciadas: del poder político a la creación artística

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Cada vez que una mujer parece estar a un paso de alcanzar el mayor nivel de poder político en España, sucede algo. Cambian las reglas, cambian los apoyos, cambian las lealtades o, simplemente, desaparece de la fotografía. Después llegan las explicaciones oficiales, siempre impecables sobre el papel, mientras la sensación permanece: otra mujer que se quedó a las puertas. No hablo de partidos. Hablo de un patrón que atraviesa ideologías. Da igual que la mujer sea de izquierdas, de derechas o de centro. Si demuestra carácter, liderazgo y capacidad para tomar decisiones, enseguida aparecen calificativos que rara vez escuchamos cuando el protagonista es un hombre. A ellas se las llama autoritarias donde ellos son firmes; soberbias donde ellos son seguros de sí mismos; ambiciosas donde ellos son líderes naturales. El techo de cristal no siempre es una puerta cerrada. A veces es mucho más sofisticado. Consiste en permitir que una mujer ascienda hasta que empieza a incomodar. Entonces aparecen...

Hoy empiezo a escribir mi octava novela

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Después de concluir mi séptima novela, necesité detenerme. Había llegado al final exhausta, con la sensación de haber atravesado una experiencia que iba mucho más allá del ejercicio habitual de la escritura. Quienes me siguen conocen la historia. Aquella novela supuso para mí un desgaste energético difícil de explicar. La escribí sintiéndome conducto de una presencia superior que me hablaba durante el sueño. Las escenas llegaban de noche, nítidas y completas, como imágenes proyectadas en algún rincón secreto de mi conciencia. Muchas veces tuve que levantarme de la cama y escribirlas antes de que el amanecer deshiciera su claridad. Ambientada en Tenerife, la historia comienza en 2045, cuando un gran terremoto marca un antes y un después en la vida de la isla. Más adelante, la narración avanza hasta 2048, año en el que se producen dos acontecimientos decisivos: la erupción de El Teide y una invasión alienígena. Tras terminarla, necesité recuperar el aliento y regresar lentamente a mí mis...

Oasis: un espejismo de irrealidad, machismo y clichés

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 Hace unos días vi en Netflix Oasis . Llegué a la serie casi por una cuestión de reconocimiento territorial: en el avance que la plataforma había seleccionado para mí aparecían los acantilados de mi pueblo y algunos paisajes inconfundibles de Tenerife. Fue suficiente para despertar mi curiosidad. Cuando una isla tan acostumbrada a ser escenario empieza a asomarse a la pantalla, quienes vivimos en ella sentimos el impulso inevitable de mirar con atención qué parte de nosotros han decidido mostrar. No voy a detenerme en el trabajo interpretativo. El reparto cumple con solvencia y defiende a sus personajes con la intensidad que exige la trama. Mi reflexión se dirige hacia otro lugar: el imaginario que la serie construye alrededor de los cuerpos, las relaciones entre mujeres, la masculinidad y la propia representación de Tenerife. Resulta llamativa la diferencia de estatura entre los actores y las actrices. Ellos son visiblemente más altos, más corpulentos, más imponentes. Ellas aparec...