El motivo de tatuarme el ojo de Horus y esta locución latina
Este pasado sábado 27 de diciembre me hice, en un solo día, mis tres últimos tatuajes (en total tengo 7). Voy a explicar el que llevo en mi mano derecha:
El Ojo de Horus es uno de los símbolos más potentes del Antiguo Egipto y representa protección, salud, poder y restauración; nace del mito en el que Horus, dios del cielo y de la realeza, pierde un ojo al enfrentarse a Seth para vengar la muerte de su padre Osiris y lo recupera gracias a Thot, convirtiéndose así en un emblema de sanación y equilibrio cósmico, motivo por el que se usaba como amuleto tanto en vida como en la muerte, para evitar el mal de ojo y devolver el mal a quien lo genera.
En corrientes esotéricas contemporáneas se cree que llevarlo tatuado puede actuar como un potente canal de conexión espiritual, de apertura de conciencia o de acceso a otros planos, abriendo portales interiores de conocimiento colectivo, de telepatía con las otras personas y que guía a la persona espiritualmente a la persona que lo porta.
Verba volant, scripta manent es una locución latina que significa que las palabras habladas vuelan, mientras que las escritas permanecen. Lo que se dice puede diluirse con el tiempo, cambiar de forma o perderse en la memoria; lo que se escribe, en cambio, queda, se fija y puede volver a leerse.
Quizá por eso los escritores la sentimos tan cercana. Escribimos para preservar instantes, pensamientos y emociones, para que no se disuelvan. La palabra escrita no depende del momento ni del ánimo de quien escucha: permanece, acompaña y atraviesa el tiempo.
Escribir es una forma de dejar constancia, de decir “esto fue así”, “así lo sentí”, y ofrecerlo al mundo con honestidad. Un poema, una novela o una columna no solo cuentan una historia: guardan un fragmento de vida, un gesto, una verdad íntima.
En definitiva, hablar es efímero; escribir es permanecer. Y en esa permanencia reside, precisamente, la belleza de la literatura.
Ana Nayra Gorrín Navarro.
24/01/2026.
