Su primera carcajada sonora, dos semanas.
Su
primera carcajada sonora, dos semanas.
Tenías solo dos semanas, dulzura
arrebatada,
y en tu cunita, sobre el balancín que nos regalaran,
dormías ligero, respiración pausada,
mientras yo, coleta alta, limpiaba y desinfectaba la casa entera, cansada.
Un ruidito tuyo atravesó la mañana;
fui a la habitación, y allí estabas,
abriendo despacito los ojos como quien estrena la mirada.
Tardaste un momento en enfocarme, alma clara,
pero cuando al fin me encontraste, yo me agaché hacia la cuna para alzarte con
calma.
Mi cabello rizado cayó hacia
adelante, en cascada,
y entonces ocurrió la magia inesperada:
soltaste una carcajada intensa, fresca, templada,
como si el mundo entero se te hubiera vuelto chiste sin palabra.
Yo repetí el gesto, incrédula y
asombrada,
y tú, mi niño, empezaste a desternillarte, risa alada,
una carcajada sonora, pura, sagrada,
como campanas diminutas celebrando la vida recién estrenada.
Fue la primera vez que escuché tu
risa clara;
y juro que en ese instante el tiempo se me paraba.
No existía el cansancio, ni el sueño, ni la madrugada:
solo tú, riendo por mi melena enamorada,
y yo descubriendo que en aquella carcajada
se abría, para siempre,
una de las memorias más mágicas de mi alma.
Este poema evoca un instante vivido el 14 de octubre de 2005, cuando mi hijo tenía tan solo dos semanas. Lo había acostado en un balancín, dentro de su cunita, después de su toma. Mientras yo limpiaba la casa con una coleta alta, escuché un pequeño sonido y fui a su habitación. Al inclinarme sobre la cuna para cogerlo en brazos, mi melena rizada cayó hacia delante y él, al verla moverse, soltó su primera carcajada sonora. Repetí el gesto y volvió a reír a carcajadas. Fue la primera vez que escuché su risa y uno de los momentos más mágicos de mi vida, que además inmortalicé en esta fotografía, una de las más especiales para mí.
Ana Nayra Gorrín Navarro, eterna madre enamorada.
24/01/2026.
