Miedo al Alzheimer
No puedo olvidar la mirada de mi abuela materna aquella tarde en que fuimos a verla y descubrimos, con una claridad dolorosa, que su memoria había comenzado a alejarse de nosotros. Miraba a mi madre, su propia hija, con una extrañeza que todavía hoy me estremece, como si frente a ella hubiera una desconocida llegada de otro tiempo. Su mente se había internado en los laberintos oscuros del Alzheimer, en esos corredores sin mapas donde los recuerdos se apagan uno a uno y la vida, que durante décadas se había ido construyendo con nombres, rostros, voces, lugares y afectos, comienza a deshacerse lentamente, como una fotografía antigua expuesta demasiado tiempo a la luz. Mi madre comprendió enseguida que aquella mirada no era la de siempre. Se acercó a ella y le preguntó, quizá con la esperanza de que su voz pudiera abrir alguna puerta cerrada dentro de su cabeza, si sabía quién era, si de verdad no la reconocía. Entonces mi abuela dijo algo que se me quedó grabado para siempre con una prof...