Lo del concierto de Beéle. Urban Fest, Santa Cruz de Tenerife, 25 de julio de 2026.



Escuché por primera vez a este cantante colombiano por casualidad, porque mi hijo (20 años) y yo compartimos listas de música en Spotify y, de vez en cuando, me paso por lo que él escucha. Soy muy ecléctica en cuanto a gustos musicales y suele gustarme casi todo lo que escucha.

Hubo una canción que me gustó especialmente: «La plena», de Beéle. Busqué al cantante en TikTok y aquello fue empezar y no parar, porque, en cuanto le di el primer «me gusta» a uno de sus vídeos, el algoritmo se volvió loco recomendándome contenido sobre él. Una canción me llevaba a otra y todas me gustaban. Aún no sé elegir cuál es mi favorita de su álbum Borondo.

Luego llegaron todas las colaboraciones y así fue como conocí a Nanpa Básico, otro colombiano con pinta de tipo duro, pero que, en el fondo, es un poeta de alma sensible, igual que Beéle. El tema de ambos, «Hasta aquí llegué», es pura poesía. Y solamente quien haya dejado a alguien estando completamente enamorado de esa persona, pero sabiendo que no le convenía, podrá entender la esencia de esa canción.

Pues bien… En este contexto, un día de mayo de este año me apareció en Instagram un anuncio que informaba de que Beéle estaría en Tenerife dando un concierto y de que las entradas estaban, en aquel momento, a un precio bastante accesible. No me lo pensé dos veces y compré una entrada para Front Stage.

Después, un amigo me dijo que vendría conmigo, pero pasaron cosas y, al final, acabé yendo sola al concierto. Reservé con tiempo una habitación en el Hotel Plaza para dos noches y me fui desde el viernes por la tarde. Disfruté de algunos paseos por la capital, visité comercios nuevos y, sobre todo, agradecí el aire acondicionado de la habitación durante las que están siendo algunas de las noches más calurosas del año. Vamos de una ola de calor a otra en el calendario.

Mi entrada indicaba que la apertura de puertas para Front Stage sería a las seis en punto y, en Internet, recomendaban estar en torno a las cuatro y media o las cinco por la zona del puerto para hacer cola.

Dejaré a un lado el tema de la organización, el calor sofocante que pasé en la cola y otros aspectos. Hay muchas cosas que se pueden mejorar en estos festivales, sobre todo la higiene de los baños portátiles y la organización de las colas según el tipo de entrada adquirida, en lugar de que VIP, Front Stage y entrada general esperen todos juntos en la misma fila.

Pero bueno… Lo que viví una vez dentro del recinto fue tan mágico que voy a obviar los problemas relacionados con la organización del festival, aunque no podía dejar de mencionarlos.

El concierto se celebró en la zona del puerto marítimo de Santa Cruz, un espacio abierto con capacidad para unas 60.000 personas. Si un año atrás me hubieran dicho que acabaría asistiendo a este tipo de festivales tan multitudinarios, no me lo habría creído. Seguramente habría respondido que esas cosas ya no eran para mí y que se habían quedado atrás, en mi veintena.

Sin embargo, con mis casi cincuenta años, el sábado 25 de julio viví uno de los días más divertidos, felices y maravillosos que he disfrutado en mucho tiempo.

Desde la cola empecé a hacer amistades sin querer. La gente me daba conversación —ya saben cómo somos en Canarias— y, en poco tiempo, ya sabíamos casi todo los unos de los otros. El carácter abierto de la gente canaria no deja nunca de sorprenderme, pero no solamente ocurrió con los canarios y las canarias; también las personas colombianas se mostraron así. En realidad, nuestros caracteres son muy similares.

Conocí a un grupo de gente superamable de Adeje, a otro grupo de colombianos y colombianas amorosos/as que viven en La Laguna y, ya dentro del concierto, conocí a un chico colombiano con quien viví un momentazo.

Justo cuando salió Nanpa Básico, me pidió que le permitiera colocarse delante de mí para poder grabarlo mejor, pues era su artista favorito. Era un chico de mi altura, muy ancho de espaldas, de piel morena y rasgos ligeramente afro: cabello rizado, labios carnosos… Era bastante guapo, la verdad.

De repente, empezó a hacer una videollamada. En la pantalla de su teléfono apareció una señora y él comenzó a llorar. Durante una pausa entre canciones, le dijo:

—¡Mire, mami, nuestro artista favorito! Y lo estoy escuchando aquí, en Tenerife. ¿Quién me lo iba a decir a mí? ¡Ay, mami, la extraño muchísimo! No puedo vivir sin usted.

En ese momento me di cuenta de que, seguramente, había emigrado solo y tenía a su madre y al resto de su familia muy lejos. No pude evitar emocionarme.

Él se giró y, al verme llorando mientras miraba la pantalla de su teléfono, se acercó a mí. Me contó que era de Colombia, me dijo cómo se llamaba y me explicó que había venido solo tanto al concierto como al país, huyendo de una mala situación económica y personal en su tierra.

No pude evitar sentir empatía por él. Se llamaba Eduard A. y me dijo que no quería ponerme triste, así que me pidió, por favor, que aceptara que me invitase a una copa.

Fuimos a la barra y me dejé invitar. Sí, lo sé: nunca se debe aceptar una bebida de una persona desconocida. Sin embargo, vi en todo momento cómo el camarero la preparaba delante de mí y mantuve el vaso tapado con mi mano, la del tatuaje del ojo de Horus, desde que me lo entregaron. Sé que para ellos puede resultar bastante feo que rechaces una invitación a beber, así que tampoco quería ofenderlo.

Después regresamos más o menos al lugar en el que estábamos para continuar escuchando a Nanpa Básico. Terminamos las copas mientras bailábamos y disfrutábamos de las canciones. Yo me deshice de mi vaso y él hizo lo mismo con el suyo.

Entonces, Nanpa empezó a interpretar «Pelinegra» y Eduard me pidió que bailáramos pegados.

¡Dios, había olvidado cómo era esto!

Y justo cuando la canción decía:

«Más flow que un redoble, linda, noble.
La quiero el triple, me gusta el doble.
Le beso hasta los genes, me es inevitable

Esta baby es gente buena, es adorable>>. 

¡Zas! Me besó y... Yo me dejé. Sí, una locura totalmente... Como una quinceañera. Pero fue un beso alucinante, y luego otro , y otro... Me perdí en esos labios carnosos y en lo bien que besaba. Seguimos bailando apretados y disfrutando, hasta que .... Bueno, ...., le pregunté la edad y... Craso error.... ¡26 años! Yo le dije que yo tenía 47 y que podía ser su madre. Él no creía que tuviera 47 años y la verdad es que yo creía que él tendría 38 ó 39, picando los 40, no pensé que fuera un veinteañero. Entonces,..., aprovechando que Nanpa salió del escenario para dar paso a un DJ, previo a Beéle, le dije que iba al baño, él se ofreció a acompañarme dándome la mano y todo, pero le pedí que se quedara ahí, que prefería ir sola.... Y luego... Bueno, me perdí por otra zona del recinto. Previamente me había pedido el teléfono y me había dado el suyo (guardé el suyo, pero le di errado mi teléfono en un dígito). El hecho de que tuviera 26 años me rompió bastante los esquemas. Así que cambié de zona y seguí disfrutando del concierto sola, bailando de vez en cuando con alguno que me sacaba a bailar, pero cambiando todo el tiempo de zona. 


 Volví a mi veintena con este concierto. ¡Gracias Beéle y Nanpa básico!


 PD: Hoy en Threads, para mi sorpresa, me encontré con este comentario a un mensaje que había puesto yo en el feed (yo escribí debajo de una foto de Beéle que saqué en el concierto: El mejor concierto de mi vida) y además de este comentario debajo de la foto y mi mensaje, tengo un mensaje interno invitándome a quedar ... Adivinen quién es...

















Ana Nayra Gorrín Navarro.
Lunes, 27 de julio de 2026. 

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