Las Galletas, de Óscar Liam.
Ayer acabé de leer Las Galletas, de Óscar Liam, y durante toda la lectura me parecía estar escuchando a mi abuela Jacinta Díaz en la voz de Elva, la abuela del protagonista. Reconocí en ella la forma de hablar de nuestras mayores, sus expresiones, sus silencios, su sabiduría sin libros y esa manera tan canaria de contar las tragedias más terribles con naturalidad, como quien sirve un café después de comer.
Óscar Liam nos regala mucho más que la historia de una familia. Nos devuelve la memoria de un pueblo y de una generación de mujeres y hombres que levantaron el sur de Tenerife con sus propias manos. Personas que dejaron atrás sus casas huyendo del hambre, que trabajaron duramente en las tomateras y que contemplaron después la llegada de los primeros hoteles y la transformación vertiginosa de un territorio que apenas se parece ya al que habitaron.
Como mujer canaria, nacida y criada en esta tierra y vinculada profesionalmente desde hace tantos años al sector hotelero, algunas páginas me tocaron de una manera muy especial. Detrás de los grandes complejos turísticos, de las carreteras y de los pueblos que hoy conocemos, hubo vidas marcadas por la pobreza, el sacrificio y un trabajo pocas veces reconocido. Esta novela les devuelve la dignidad y el lugar que merecen dentro de nuestra historia.
Me ha fascinado la autenticidad de su lenguaje. Óscar Liam no corrige ni domestica la voz de su abuela para hacerla más literaria: comprende que esa voz ya es literatura. Conserva los giros, las palabras y la música de nuestra oralidad, convirtiendo las conversaciones de sobremesa, las supersticiones, los naufragios, los crímenes, los amores y las historias familiares en un valioso patrimonio colectivo.
Las Galletas es también una reflexión sobre todo lo que desaparece cuando mueren nuestros mayores sin que nadie se haya sentado a escucharlos. Sus recuerdos son archivos vivos de una Canarias que apenas aparece en los libros de historia. Óscar Liam tuvo la sensibilidad y la inteligencia de escuchar, recoger y transformar la memoria de su abuela Elva en una obra profundamente humana.
Cerré el libro emocionada y con una certeza: todas las familias deberían tener un nieto dispuesto a escuchar y todas las abuelas merecerían un Óscar Liam capaz de convertir su voz en literatura. Yo, al menos, sentí durante doscientas páginas que mi abuela Jacinta había vuelto a sentarse a mi lado para contarme historias. ¡Gracias, Óscar!🫂🤍🇮🇨
Ana Nayra Gorrín Navarro.
20/07/2026

