Cómo entrenar a tu dragón, película de 2025. Reseña cinematográfica sin spoiler.
(Escribiré primero en español, luego en inglés y acabaré en francés)
(Español)
Ayer fui a ver la nueva adaptación en acción real de Cómo entrenar a tu dragón en los cines X Sur de Adeje, y todavía sigo con la sensación de haber volado junto a Desdentao. La película, estrenada este 2025, está dirigida, escrita y coproducida por Dean DeBlois, el mismo artífice de la trilogía animada de DreamWorks que conquistó al público entre 2010 y 2019. En esta ocasión, bajo el sello de Universal Pictures y Marc Platt Productions, DeBlois no solo revisita la historia, sino que la reinventa para un público que ya no se conforma con la nostalgia: busca la experiencia inmersiva de ver a Hipo y a su dragón como si realmente existieran.
El elenco está liderado por Mason Thames (Hipo) y Nico Parker (Astrid), quienes interpretan con solvencia y frescura a los protagonistas de esta saga de amistad improbable y crecimiento personal. A su lado, la presencia del mítico Gerard Butler, que retoma el papel de Estoico (en los dibujos era Estoico el Vasto, en esta película es Estoico el Inmenso), aporta continuidad entre la animación y la acción real, y eleva la figura del padre vikingo a una dimensión más humana, cargada de contradicciones. El reparto se completa con nombres como Nick Frost, Julian Dennison, Gabriel Howell, Bronwyn James, Harry Trevaldwyn y Ruth Codd, que contribuyen a un resultado coral donde el humor y la camaradería suavizan la dureza del relato.
El rodaje en Belfast, Irlanda del Norte, resulta un acierto absoluto: los paisajes oceánicos con acantilados de infarto, verdes y abruptos dialogan con el imaginario vikingo y potencian la sensación de autenticidad. Como apasionada de la cultura vikinga, disfruté especialmente de esos guiños a una sociedad que, pese a la fama de brutalidad, fue sorprendentemente igualitaria en comparación con otras de su tiempo. Las mujeres eran entrenadas para pelear desde pequeñas, igual que los varones, podían poseer tierras, administrar bienes, pedir el divorcio e incluso participar en expediciones guerreras. Pero también conviene recordar —aunque la película lo omita porque está dirigida a todos los públicos— que los vikingos eran célebres por su moral liberal, por los banquetes en los que se bebía y comía a mansalva y por su vida sexual desinhibida, con crónicas que hablan de auténticas orgías colectivas. Un pueblo complejo, libre y festivo, que concebía la vida como un banquete en honor a los dioses y donde lo primordial era pasárselo bien y que la comunidad saliera adelante en cohesión.
Hay una frase de la película que me encantó por su fuerza expresiva y sentido del humor:
«Un vikingo nunca huye de una pelea… ¡la empieza!».
En el plano técnico, los efectos visuales de Framestore alcanzan cotas de excelencia: los dragones respiran, parpadean y se expresan con una naturalidad que borra la frontera entre criatura fantástica y ser vivo. Las escenas de vuelo son de una espectacularidad que recuerda a las batallas aéreas del cine bélico, pero con la poesía de un mito nórdico. A ello se suma la banda sonora de John Powell, que retoma los leitmotivs de la trilogía animada y los eleva con arreglos grandilocuentes, logrando que la música no acompañe, sino que lidere la emoción del espectador.
Más allá de lo visual y lo técnico, lo que más me conmovió fue el mensaje rotundo de la película: en un mundo de tensiones y diferencias, son siempre la cohesión grupal, el amor y la unión los que conducen a la verdadera solución. En tiempos de división, esta fábula vikingo-fantástica recuerda que la diferencia es riqueza y que la empatía, lejos de ser debilidad, es la mayor de las fortalezas.
En definitiva, Cómo entrenar a tu dragón en su versión de 2025 logra lo más difícil: conservar la ternura y la emoción de la animación, mientras se atreve a explorar nuevos territorios narrativos y visuales. Una película que no solo se disfruta, sino que invita a reflexionar sobre el poder de la unión, el valor de la diferencia y la vigencia de los mitos antiguos en el cine contemporáneo.
(Inglés)
Yesterday I went to see the new live-action adaptation of How to Train Your Dragon at the X Sur cinemas in Adeje, and I still feel as if I had been flying alongside Toothless. The film, released in 2025, is directed, written, and co-produced by Dean DeBlois, the same mastermind behind the animated DreamWorks trilogy that captivated audiences between 2010 and 2019. This time, under the banner of Universal Pictures and Marc Platt Productions, DeBlois not only revisits the story but reinvents it for an audience no longer satisfied with nostalgia: he aims to offer the immersive experience of seeing Hiccup and his dragon as if they truly existed.
The cast is led by Mason Thames (Hiccup) and Nico Parker (Astrid), who portray the protagonists of this saga of unlikely friendship and personal growth with both freshness and credibility. Alongside them, the legendary Gerard Butler, reprising the role of Stoick (in the animated films he was Stoick the Vast, in this version he is Stoick the Immense), brings continuity between animation and live action, elevating the figure of the Viking father to a more human dimension, full of contradictions. The cast is rounded out by Nick Frost, Julian Dennison, Gabriel Howell, Bronwyn James, Harry Trevaldwyn, and Ruth Codd, who contribute to a collective result where humor and camaraderie soften the harshness of the tale.
Filming in Belfast, Northern Ireland, proves to be an inspired choice: the oceanic landscapes with breathtaking cliffs, green and rugged, engage in dialogue with the Viking imagination and reinforce the sense of authenticity. As a passionate admirer of Viking culture, I especially enjoyed those nods to a society that, despite its reputation for brutality, was surprisingly egalitarian compared to others of its time. Women were trained to fight from a young age, just like men, and could own land, manage property, file for divorce, and even join warrior expeditions. Yet it is also worth recalling—though the film omits it because it is aimed at all audiences—that the Vikings were famous for their liberal morals, for the banquets where eating and drinking knew no bounds, and for their uninhibited sexual life, with chronicles that speak of genuine collective orgies. They were a complex, free-spirited, and festive people who conceived of life as a banquet in honor of the gods, where the most important thing was to enjoy themselves and ensure that the community moved forward together in cohesion.
There is a line in the film that I loved for its expressive power and sense of humor:
“A Viking never runs from a fight… He starts it!”
On a technical level, the visual effects by Framestore reach a standard of excellence: the dragons breathe, blink, and express themselves with such naturalness that they erase the boundary between fantasy creature and living being. The flight sequences are spectacular, reminiscent of aerial battles in war films, but imbued with the poetry of a Norse myth. Added to this is the score by John Powell, who reprises the leitmotifs of the animated trilogy and elevates them with grandiose arrangements, ensuring that the music does not merely accompany but actually drives the audience’s emotions.
Beyond the visual and the technical, what moved me most was the film’s resounding message: in a world of tensions and differences, it is always group cohesion, love, and unity that lead to the true solution. In times of division, this Viking-fantasy fable reminds us that difference is wealth, and that empathy, far from being weakness, is the greatest strength.
In short, the 2025 live-action version of How to Train Your Dragon achieves the most difficult feat: preserving the tenderness and emotion of the animation while daring to explore new narrative and visual territories. A film that not only entertains but also invites us to reflect on the power of unity, the value of difference, and the enduring relevance of ancient myths in contemporary cinema.
(Francés)
Hier, je suis allée voir la nouvelle adaptation en prise de vues réelles de Dragons (How to Train Your Dragon) au cinéma X Sur d’Adeje, et j’ai encore l’impression d’avoir volé aux côtés de Krokmou. Le film, sorti en 2025, est réalisé, écrit et coproduit par Dean DeBlois, le même artisan de la trilogie animée de DreamWorks qui a conquis le public entre 2010 et 2019. Cette fois, sous la bannière de Universal Pictures et de Marc Platt Productions, DeBlois ne se contente pas de revisiter l’histoire : il la réinvente pour un public qui ne se satisfait plus de la nostalgie et qui recherche l’expérience immersive de voir Harold et son dragon comme s’ils existaient réellement.
Le casting est mené par Mason Thames (Harold) et Nico Parker (Astrid), qui interprètent avec fraîcheur et crédibilité les protagonistes de cette saga d’amitié improbable et de croissance personnelle. À leurs côtés, l’incontournable Gerard Butler, qui reprend le rôle de Stoïk (dans les dessins animés, c’était Stoïk la Vaste ; dans ce film, il devient Stoïk l’Immense), assure la continuité entre animation et prise de vues réelles et élève la figure du père viking à une dimension plus humaine, pleine de contradictions. Le casting se complète avec Nick Frost, Julian Dennison, Gabriel Howell, Bronwyn James, Harry Trevaldwyn et Ruth Codd, qui contribuent à un résultat choral où l’humour et la camaraderie adoucissent la rudesse du récit.
Le tournage à Belfast, en Irlande du Nord, s’avère un choix absolument judicieux : les paysages océaniques aux falaises vertigineuses, verdoyants et abrupts, dialoguent avec l’imaginaire viking et renforcent la sensation d’authenticité. En tant que passionnée de culture viking, j’ai particulièrement apprécié ces clins d’œil à une société qui, malgré sa réputation de brutalité, fut étonnamment égalitaire en comparaison avec d’autres de son époque. Les femmes étaient entraînées à combattre dès l’enfance, tout comme les hommes, et pouvaient posséder des terres, gérer des biens, demander le divorce et même participer à des expéditions guerrières. Mais il convient aussi de rappeler —même si le film l’omet, car il s’adresse à tous les publics— que les Vikings étaient célèbres pour leur morale libérale, pour les banquets où l’on buvait et mangeait sans retenue, et pour leur vie sexuelle débridée, avec des chroniques qui évoquent de véritables orgies collectives. Un peuple complexe, libre et festif, qui concevait la vie comme un banquet en l’honneur des dieux, où l’essentiel était de profiter et de faire avancer la communauté dans la cohésion.
Une réplique du film m’a particulièrement séduite par sa force expressive et son humour :
« Un Viking ne fuit jamais un combat… Il le commence ! »
Sur le plan technique, les effets visuels de Framestore atteignent un niveau d’excellence : les dragons respirent, clignent des yeux et s’expriment avec une telle naturalité qu’ils effacent la frontière entre créature fantastique et être vivant. Les scènes de vol sont spectaculaires, rappelant les batailles aériennes du cinéma de guerre, mais avec la poésie d’un mythe nordique. À cela s’ajoute la musique de John Powell, qui reprend les leitmotivs de la trilogie animée et les magnifie avec des arrangements grandioses, de sorte que la musique ne se contente pas d’accompagner, mais conduit véritablement l’émotion du spectateur.
Au-delà du visuel et de la technique, ce qui m’a le plus émue, c’est le message puissant du film : dans un monde de tensions et de différences, ce sont toujours la cohésion du groupe, l’amour et l’union qui mènent à la véritable solution. En ces temps de division, cette fable vikingo-fantastique rappelle que la différence est une richesse et que l’empathie, loin d’être une faiblesse, est la plus grande des forces.
En définitive, la version 2025 de Dragons réussit le plus difficile : conserver la tendresse et l’émotion de l’animation tout en osant explorer de nouveaux territoires narratifs et visuels. Un film qui non seulement se savoure, mais invite aussi à réfléchir sur le pouvoir de l’union, la valeur de la différence et l’actualité éternelle des mythes anciens dans le cinéma contemporain.
Ana Naira (Nayra) Gorrín Navarro.
29/08/2025.
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