Básicamente…


No añoro tener pareja, pero sí tener a alguien con quien poder viajar, salir de vez en cuando y compartir ciertos momentos. Sí, sí, tengo muchas amigas, pero soy heterosexual y a veces extraño esa energía masculina en mi vida.

Antes, durante muchos años, tuve un amigo especial, un alma libre con quien podía llenar ese espacio de mi vida, pero desde que se casó, y por los celos de su actual esposa, él se borró del mapa. Lo acepto y lo respeto; es normal. Y ojalá yo jamás vuelva a hacerle falta, porque aprendí a no necesitarlo. Aunque, cuando escucho ciertas canciones o leo determinadas noticias, me acuerdo muchísimo de él.

En realidad, he tenido varios intentos de repetir ese rol masculino en mi vida: tener la triple A; al amante, al amigo y ese amor más parecido al de una pareja que pudiera existir, aunque con la particularidad de que yo no quiero convivir. Para mí, lo ideal es que cada uno viva en su propia casa. No me veo volviendo a convivir con una pareja. Podría tener pareja, sí, pero cada uno en su casa.

Ahora bien, para eso, esa persona tendría que ser un hombre sano: no ser machista, ser autónomo en su casa y no buscar una pareja para tener una criada que le haga las labores domésticas, porque te sorprendería descubrir la cantidad de hombres que hay por ahí sin saber freírse un huevo, plancharse la ropa o poner una lavadora.

También tendría que tener un oficio que le reporte estabilidad financiera, porque, con casi cincuenta años, yo no estoy para perder el tiempo con gente ociosa que vive de la renta mínima, sin hacer absolutamente nada día tras día y viviendo a la gorra en casa de sus padres. Si lo haces por la crisis de la vivienda, al menos págales un alquiler. Yo he estado en esos zapatos y, por mi propia tranquilidad, les pagaba un alquiler mensual. Y si, por casualidad, llegas a esa situación, al menos esfuérzate en formarte, estudiar y salir de ahí. No te quedes de brazos cruzados sin hacer nada.

Créanme: el 80 % de la población soltera masculina de mi entorno y de mi rango de edad está en este plan.

Tampoco quiero gente con adicciones: personas que fuman porros compulsivamente —no soporto el olor de los porros— o que beben alcohol a diario. Y no me refiero a una copita de vino tinto en la comida, sino a cantidades ingentes de cerveza, día tras día.

Es decir, resumiendo: básicamente me conformo con alguien que no sea un porriento, un borracho, un machista que parezca haberse escapado de una película del régimen franquista; alguien que ame trabajar, que vaya a su puesto de trabajo cada día motivado por sí mismo y sin necesidad de que lo estén arengando constantemente para que cumpla con su deber.



Ana Nayra Gorrín Navarro.

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