La disciplina y la rutina diarias.
Sé que hay gente que se siente aprisionada (algunas incluso entran en profundas depresiones) cuando tienen que llevar una vida rutinaria: levantarse a la misma hora, desayunar a la misma hora, preparar tu ropa del trabajo la noche anterior escrupulosamente cada noche, acudir siempre diez minutos antes a tu puesto de trabajo, día tras día y sin fatiga fichar entrada y salida, estar en el mismo lugar en horarios fijos día tras día…, pero a mí la rutina y llevar esta disciplina en mi vida me ayudan a tener mi mente calmada y precisamente esto es el desencadenante de que cuando tengo tiempo libre puedo dar rienda suelta a mi lado creativo. Mi imaginación hiperactiva se dispara y es cuando empiezo a crear las historias que escribo. En cuanto a la poesía, suele ser la admiración a la naturaleza que me rodea (una luna llena de nata preciosa, un atardecer en tonos rosas y naranjas tan dulces como el mordisco de un melocotón en almíbar) o sentimientos muy profundos como el amor a mi hijo, a mi familia, a gente cercana a quien admiro o el amor a mi tierra canaria…
Renuncio al nihilismo predominante en la sociedad y al negacionismo de que el trabajo es en sí mismo una fuente de felicidad para el ser humano. Como expuso Karl Marx, el trabajo dignifica a las personas y para mí esto es una realidad indiscutible. Como diría un joven de la edad de mi hijo (20 años): ¡es un facto! No solo me permite sustento económico para mantenerme y estabilidad financiera, es que me suministra propósito a mi vida. Conocer además el ciclo fiscal (qué pasa con los impuestos que genera mi trabajo) y el reparto del gasto público (carreteras, hospitales, colegios, teatros, bibliotecas públicas…) calma mi inquietud de justicia social (discutible sería la calidad de los servicios públicos hoy en día en mi isla debido a la sobrepoblación de la misma).
No quiero juzgar a quienes son incapaces de mantener un trabajo precisamente porque les asfixia la rutina, tal vez en algún momento de mi vida he estado en esos zapatos, pero sin duda hoy en día, con 47 años y siendo ante todo madre y padre a la vez, defiendo mi estabilidad financiera a través de un trabajo rutinario que me obliga a mantener una disciplina diaria, tal cual me empuja mi amor por escribir a hacerlo cada tarde, pase lo que pase, y es algo que hago con gusto, pasión, implicación y entrega a mi trabajo como autónoma. Tal cual mi trabajo por cuenta ajena.
Pienso que el trabajo es una verdadera posesión real ante los giros e infortunios de la vida. La mejor herencia que le puedes dejar a un ser querido es enseñarle a amar y defender su puesto de trabajo. Todo lo demás en la vida es espuma que se desvanece fácilmente.