Mis mañanas de domingo

 



Me gusta levantarme tarde los sábados y domingos. No obstante, hoy me he despertado a las seis de la mañana, porque anoche, antes de las once, ya estaba durmiendo profundamente. Así que hoy tengo un domingo largo por delante.

Lo primero que hago, después de asearme, obviamente, es prepararme mi golden milk, que solo hace dos días que he empezado a tomar por recomendación de mi madre, a quien se la recomendó su médico de cabecera para los dolores de huesos. En mi caso, la tomo por la artrosis, herencia familiar materna. Al final de este post les dejaré la receta.

Después, me preparo mi buena taza de café colombiano y mi pulguita de pan integral, recién horneado, porque me encanta el olor y el sabor del pan recién hecho y calentito, con aceite de oliva. Desayuno viendo las noticias del canal 24 horas.

Luego limpio mi casa, pongo lavadoras si hay que poner, tiendo ropa, plancho, cocino para toda la semana si no lo he hecho el sábado y lo guardo todo en táperes en el congelador para tener la comida lista durante la semana laboral, porque trabajo de lunes a viernes.

Si me encuentro en pleno proceso de escritura de un manuscrito —escribo novelas—, los fines de semana son sagrados para dedicarlos a escribir. No obstante, ahora mismo estoy descansando después de haber acabado mi séptima novela. Aunque ya tengo empezada la octava, con la escaleta terminada y colocada en el tablón de corcho de mi escritorio personal.

También aprovecho los fines de semana para quedarme leyendo hasta tarde por las noches, aunque anoche no fue el caso, jeje. Como ven, en esta ecuación de mis tiempos vitales ya casi no hay espacio para socializar. Lo hago una o dos veces al mes: quedo con mis amigas para hacer cualquier actividad juntas, que generalmente suele ser beber vino tinto en un bar o restaurante de la zona, o ir al cine.

Cada vez me cuesta más querer salir, la verdad. Entre semana salgo agotada de la jornada laboral y solo me apetece estar en mi casa, haciendo las cosas que me regulan el sistema nervioso y me dan calma.

Dentro de mi hogar paso mucho tiempo de calidad con mi hijo. Conversamos mientras cenamos o simplemente vemos alguna serie juntos en el salón. Ya él no quiere salir al cine conmigo, obviamente. Con su edad es natural que prefiera compartir ese tiempo con sus amigos y amigas. Es así como debe ser.Una buena madre no es aquella que se vuelve indispensable para sus hijos, sino aquella que se va volviendo innecesaria para ellos. En ese sentido, todo es como debe ser.

Muchas personas piensan de mí que estoy incompleta porque me falta vivir la vida que llevaba cuando tenía pareja. No obstante, yo jamás he sido más feliz que ahora, que llevo desde 2020 sin pareja.

Volviendo al tema de mis rutinas de fin de semana: los domingos se emite el podcast con vídeo Deforme Semanal Ideal Total. El domingo pasado me lo perdí, pero hoy veré el del 31/05 y, dentro de unas horitas, cuando cuelguen el de hoy, también lo veré.

Me gusta mucho este programa. Isa Calderón y Lucía Lijtmaer son dos grandes referentes del feminismo en España y en él hacen un interesante repaso de la actualidad informativa, recomiendan muy buenas series, películas y libros, y abordan temas de actualidad. Son mujeres con las que me identifico ideológicamente y eso siempre viene bien, porque a todas las personas nos gusta sentirnos comprendidas e identificadas. Además, me río mucho con las ocurrencias de Isa.

Y ahora sí, como lo prometido es deuda, les dejo la receta de mi golden milk:

Yo la preparo con leche de almendras, cúrcuma en polvo, jengibre en polvo y pimienta negra en polvo. Caliento una taza de leche de almendras en un cazo, sin que llegue a hervir, y le añado una cucharadita pequeña de cúrcuma, una pizca de jengibre y una pizca de pimienta negra. Remuevo bien hasta que todo se integre y la tomo calentita.

La pimienta negra ayuda a potenciar la absorción de la cúrcuma, así que es indispensable. Si les apetece más dulce, pueden añadir un poquito de miel, azúcar o el endulzante que usen habitualmente.

Les deseo un bonito domingo, de esos que se viven sin prisa, con la casa oliendo a café, a pan calentito o a cualquier pequeña felicidad doméstica.

Y desde aquí abrazo también a todas las personas que no tienen pareja porque han elegido no tenerla, porque están bien así, porque han construido una vida propia y no sienten que les falte media naranja, ni medio melón, ni medio aguacate, ni ninguna fruta pendiente de encajar en el frutero. Especialmente a las mujeres, porque todavía parece que a algunas personas les cuesta aceptar e incluso les molesta que una mujer pueda estar sola por decisión, por paz, por libertad y por puro bienestar.

No estamos incompletas. Estamos enteras. Y, además, tranquilas.


Ana Nayra Gorrín Navarro.

07/06/2026.



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