Mis tardes en el pequeño café de Tokio, de la escritora japonesa Michiko Aoyama
Acabo de terminar de leer Mis tardes en el pequeño café de Tokio, de la escritora japonesa Michiko Aoyama, traducida por Marta Morros Serret.
Es una novela epistolar que evoca el ambiente relajado y distendido de un hermoso café situado al final de un sendero de cerezos que, en el momento en que comenzamos la lectura, están en flor. La protagonista, siguiendo con curiosidad la hilera de cerezos para descubrir qué hay al final del camino, da con esta cafetería en la que sirve un apuesto y sofisticado joven que parece leer las vidas de todos los clientes asiduos con solo observarlos.
Al principio creí que iba a leer algo parecido a La cantina de medianoche: Historias de Tokio, esa serie japonesa en la que un local se convierte en refugio de historias humanas, confesiones, heridas y pequeños consuelos servidos junto a un plato caliente. Pensé que la novela iría un poco por ahí: personas que llegan al café, se sientan, toman algo y van desgranando sus vidas ante la mirada casi sobrenatural del camarero. Pero no ha sido así exactamente.
En Mis tardes en el pequeño café de Tokio se encadenan varias tramas dentro del mismo arco narrativo del Marble Café, que es como se llama la cafetería en cuestión, aunque los personajes no le cuentan sus historias directamente al camarero. Sin embargo, dado que en muchas partes de la obra se habla de la reencarnación, se me ocurrió que tal vez la voz de la escritora funcione, de algún modo, como la mente de ese camarero: una conciencia silenciosa, conocedora de las vidas de todas las personas cuyas tramas se cruzan alrededor del café.
Son solamente 204 páginas, con capítulos muy cortitos, encabezados todos por el dibujo de una humeante taza de café, chocolate caliente o té, según se prefiera. Para mí, la mayoría de las veces, ha sido un delicioso café de origen colombiano, aunque otras haya sido una reconfortante taza de chocolate capaz de despejar las ideas.
Al margen de alguna errata en la traducción del japonés al castellano, quizá por ciertos catalanismos, la novela está bien escrita y estructurada, pero deja demasiadas cosas en el aire, inconclusas. Aunque sé que esto es bastante habitual en la literatura asiática, en realidad las historias son autoconclusivas. Y no está mal, pero deja con ganas de más. Aun así, no sé si iré a por la segunda parte de este libro. Creo que tardaré un tiempito en comprarla.
Por ahora, esta noche me adentraré de nuevo en el maravilloso mundo del realismo mágico de Isabel Allende con la trilogía La casa de los espíritus. Me he comprado este pack de oferta y pienso disfrutarlo hoja a hoja.
¡Felices lecturas, amigas/os! Aprovechen las tardes largas al sol, frente a la piscina o la playa, para leer. Es viajar gratis y visitar mundos fascinantes sin gastar dinero.
Ana Nayra Gorrín Navarro.
10/06/2026.

